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El médico y el paciente

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El M. en C. Rafael Urzúa Macías hablando con los alumnos de la U. Cuauhtémoc tras la firma del acuerdo. (Imagen COESAMED)

Publicado previamente en La Jornada Aguascalientes

En los últimos años hemos visto como se han incrementado el número de demandas ejercidas por los pacientes hacia sus médicos. Esto puede responder a varios factores. Como galeno sé que en muchas ocasiones lo atribuimos a que el paciente, orientado tal vez por un avaricioso abogado decide demandar al doctor que lo trató con tal de obtener un beneficio económico. Si bien en ocasiones esto sucede, la realidad es que afortunadamente son pocos los casos.

Sin duda la causal número uno de demandas es una mala relación médico-paciente, la mayoría de las veces se trata de un error en la comunicación, ya sea porque el paciente no conocía bien su padecimiento, los efectos adversos de un tratamiento o las posibles complicaciones de una intervención. De igual forma muchas veces simplemente por que el médico no causó la suficiente confianza en la persona a quien atendió.

Es cierto que no somos monedita de oro para caerle bien a todos, pero sin duda alguna la falta de una empatía óptima no es excusa para tener una adecuada relación del médico con el paciente y viceversa. Esto es algo que les insisto mucho a mis alumnos, no siempre (de hecho en la mayoría de las ocasiones no es así) trabajarás con pura gente que te caiga bien, pero no solo me refiero a los colegas, sino que también hablo de los pacientes.

Existen tantos tipos de personas como seres humanos existimos en este mundo, sin lugar a dudas muchos de nosotros no seremos compatibles, pero como médicos hemos elegido ejercer una carrera en donde nuestro campo de trabajo son seres humanos, al menos así sucede en la mayoría de las ocasiones cuando el médico se desarrolla en la clínica, pero por muy aislado que se encuentre en un laboratorio deberá realizar contacto humano. Ahí es cuando entra la necesidad de la comunicación, si deseamos lograr nuestro objetivo deberemos tener un adecuado trato con los demás, entiéndase colegas y por su puesto el paciente.

Ya lo comentaba en una ocasión previa (La Jornada Ags 03/03/12), aunque el Dr. House trate a sus pacientes sin verlos no deja de ser una serie televisiva, pero aún en ella son muchos los personajes que lo critican y si observamos a detalle, por lo general llegan al diagnóstico cuando ponen atención a algo que dijo el paciente o que se relacionó con él y que sin lugar a dudas hubiese sido más rápido si estuvieran más cercanos al enfermo.

Regresemos a la vida real, hemos analizado ya los factores que por parte del médico pudieran llevar al fracaso ya sea de una terapia o simplemente de una relación entre dos personas, pero nos falta uno de los componentes. No podemos hacer a un lado al (la) paciente, él (ella) es sin lugar a dudas el eje central sobre el cual gira la consulta, es el portador o la portadora de una enfermedad o al menos de un signo o síntoma que lo aqueja, pero también será el o la responsable del cuidado de su salud.

Cada vez son más los profesionales de la salud que optamos por empoderar a nuestros pacientes en el autocuidado, hacerlos responsables de sí mismos, ni el médico, ni el odontólogo o la enfermera podrán tomarse por el paciente el medicamento, o realizar los ejercicios prescritos. El nutriólogo no podrá comer o dejar de hacerlo por el enfermo, será este último quien tendrá que velar por su salud y es aquí, cuando se tiene una baja adherencia a los tratamientos que no se tiene el éxito esperado para la cura de una enfermedad en muchas de las ocasiones.

En realidad son tanto el galeno como el enfermo quienes han fallado en su comunicación. No podemos culpar a una de las dos partes o responsabilizarla del fracaso de una intervención, etc. Es ahí cuando instituciones como la COESAMED (Comisión Estatal de Arbitraje Médico para el Estado de Aguascalientes) y la CONAMED (Comisión Nacional de Arbitraje Médico) juegan un papel fundamental en limar asperezas y llevar a mejor cauce los malos entendidos.

Es por ello que me da mucho gusto ver que la Comisión Estatal ha establecido vínculos con la Universidad Cuauhtémoc Plantel Aguascalientes (UCA) para fortalecer la formación de los alumnos. Creo de vital importancia que los estudiantes empiecen a entender desde las aulas las implicaciones que un adecuado comportamiento y apego a las normas legales puede protegerlos de posibles malos entendidos, pero sobre todo la importancia de una adecuada relación con sus pacientes y por su puesto con sus compañeros de trabajo.

El pasado 22 de marzo, en las instalaciones de la UCA, el rector Juan Camilo Mesa Jaramillo recibió al Comisionado Estatal de Arbitraje Médico, el M. en C. Rafael Urzúa Macías para firmar un convenio entre ambas instituciones, en el se refuerza la organización, seguimiento y organización de cursos, talleres y seminarios, con la participación de los estudiantes, personal académico y docente. Además de la cooperación de ambas partes en el intercambio del acervo bibliográfico y de la infraestructura.

A mí me hubiera encantado tener en mi época como estudiante la oportunidad de conocer un poco más acerca de estas instituciones, que en muchos casos  por mala información han sido satanizadas, tanto por los médicos como por los pacientes. Fundamentalmente se trata de instituciones que buscan conciliar, sin llegar a las instancias judiciales, puesto que recordemos como decía en líneas previas, muchas veces son simplemente errores de comunicación que se solucionan haciendo eso, hablando.

Me da gusto ver como instituciones jóvenes como la Universidad Cuauhtémoc en donde se desarrollan varias carreras y maestrías relacionadas con la salud (Medicina, Kinesiología, Nutrición y Odontología, entre otras), vela por que sus alumnos conozcan y mejoren día a día sus aptitudes para su desempeño a nivel profesional. Es cierto, queda mucho por hacer, pero el primer paso está dado, ahora dependerá de nosotros, catedráticos y alumnos continuar mejorándolo.

Estereotipos

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Publicado previamente en La Jornada Aguascalientes

Estereotipos

Una tarde fría y muy nublada, se escucha el rugir de los escapes de una Harley Davidson, de ella baja un hombre alto, fornido, con la testa rapada, se retira los lentes obscuros y su chamarra de piel negra dejando ver el tatuaje de una calavera en el hombro izquierdo debajo de su camiseta blanca. El hombre se dispone a entrar a un restaurante lujoso, ubicado en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Los guardias de seguridad de tan único lugar le impiden la entrada, simple y llanamente tiene “mala pinta” y no se le permite el acceso al recinto a gente problemática, en realidad el pobre hombre no ha hecho ni dicho nada aún, pero ya se le negó el poder saciar su antojo por el más famoso caviar del lugar.

A unos kilómetro, un hombre de pelo entrecano, gafas de hueso negro, con barba blanca, bien recortada, esperaba en un café. El hombre tenía en sus manos un libro de Haruki Murakami, mientras tomaba un té Earl Gray con dos gotas de limón y sin azúcar. Su voz es tenue, modulada y denota refinamiento. La gente no tiene empacho en contestarle los saludos que ocasionalmente les envía inclinando ligeramente la cabeza, de hecho se gana la admiración de más de un transeúnte y las miradas sostenidas de las mujeres que se admiran de su fino traje de casimir gris Oxford y su corbata de seda italiana. Nadie logra percatarse que bajo el saco lleva una arma, recientemente disparada para robar el portafolio que esta entre debajo de sus piernas.

Una madre se ve en la necesidad de salir a trabajar, por ello busca lugares donde dejar a sus hijos. Encuentra una guardería muy cerca de su trabajo, lo que le parece excelente, acude para conocer las instalaciones y al personal. Cuando llega se da cuenta que es atendido por una pareja gay, inmediatamente se da la media vuelta y cierra la puerta gritando que jamás dejará a sus hijos en manos de un par de depravados sexuales. Días más tarde decide dejar a sus niños a cargo de la estancia para menores de su parroquia. Hoy en día la madre se encuentra protestando contra la Iglesia, quienes protegen con uñas y dientes al sacerdote pederasta que atacó a sus hijos.

Tal vez los ejemplos parecen novelescos, pero sin duda pueden ser más reales de lo que pensamos, en nuestra sociedad estamos acostumbrados a guiarnos por estereotipos. Preenjuiciamos a la gente en base a su apariencia, su forma de hablar, sus preferencias políticas, religiosas o sexuales, sin darnos cuenta que la verdadera persona esta por debajo de toda esa parafernalia.

De hecho resulta un cliché el hablar de sacerdotes y violadores como si de un sinónimo se tratara. Es cierto, mi ejemplo demuestra en per se un estereotipo, tal vez guiado a que una inmensa parte de nuestra sociedad sigue creyendo que la investidura sacerdotal santifica a quien la porta cuando debajo de la sotana sigue existiendo un hombre, con todas las virtudes y defectos que a nuestra especie le pertenecen, y por ende comparte la misma capacidad criminal que a cualquier individuo.

Lo mismo sucede en la ciencia y la medicina. Si interrogara a cualquiera de los comensales de la cafetería donde me encuentro escribiendo y les pidiera que me dijeran lo primero que les viene a la mente cuando hablo digo científico, ¿qué me dirían?

Sin miedo a equivocarme uno de los primeros adjetivos que saldrían a la luz sería “loco”, pero también estaría estudioso, laboratorio, bata blanca, lentes, pelo cano, distraído, encerrado, aburrido, sabio, que habla un idioma extraño, ratón de biblioteca, nerd, matado, freak, ñoño, etcétera, etcétera, etcétera. Algo muy similar sucede si hablamos del médico, comparte la bata, lo ñoño, lo estudioso, pero a ello hay que agregar lo difícil de la carrera y lo de mercader de la salud.

Todo lo anterior sin lugar a dudas resulta una falacia que aleja a los jóvenes y a la sociedad en general del maravilloso espacio de la ciencia y la medicina. La idea falsa de que las clases deben resultar aburridas, llenas de majestuosidad, protocolos casi monárquicos, aleja a los jóvenes habidos de cosas entretenidas, cuando en realidad no hay nada más divertido que el mundo cuasi fantásitico que rodea a la ciencia.

Es importante apartar de la sociedad la idea de que la ciencia resulta aburrida, atraer a los jóvenes y adultos a los centros de ciencia, a las universidades y a los museos. Demostrar que las maravillas que ven en el cine pueden en muchas ocasiones ser superadas por la realidad, simplemente hay que abrir un libro de Stephen Hawking, desempolvar la serie de Carl Sagan o visitar un museo.

Resulta increíble que los propios estudiantes de carreras del área científica o específicamente de Medicina, se quejen porque las clases de una u otra materia, resultan demasiado “divertidas”, que se hacen joviales y poco “serias”. No podemos negar lo obvio, estudiar estas carreras es pesado, ¿por qué debemos hacerlo aún más? En realidad podemos disfrutar el esfuerzo o martirizarnos, yo opto siempre por la primera opción. Un maestro puede ser jovial, entretenido y mezclar ciencia y humor, no tiene por qué ser malo, dejémonos de tontos protocolos que solo alejan a la gente.

Pero además debemos quitarnos el estereotipo físico de los científicos, porque el primer personaje, el hombre de la Harley Davidson y el tatuaje de una calavera era en realidad un científico, renombrado y reconocido por la sociedad, quien además de ser un brillante biólogo, resultó ser un excelente amigo, nada agresivo, sino por el contrario pacifista. ¿La calavera? La tatuó en nombre de la ciencia, en realidad es el cráneo de un hombre de Cro-Magnon, aquella figura que lo llevó a estudiar el proceso evolutivo de la especie humana.

Tchaikovsky en el aula de Medicina

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Pyotr Ilyich TchaikovskyPu

Publicado previamente en La Jornada Aguascalientes

Esta semana retomamos las clases en la universidad, para iniciar el curso realicé una dinámica que sin duda alguna sacó de balance a más de uno. Nadie se hubiese imaginado que el profesor de Fisiología pondría para empezar el curso la Obertura 1812 de Tchaikovsky. ¿Pero que tiene que ver esta maravilla musical con la Medicina?

Empecemos con los datos alarmantes, muchos de mis alumnos jamás habían oído una pieza de música clásica, el 80% de ellos nunca han ido a escuchar una orquesta en vivo y como para una inmensa mayoría de la población (jóvenes y adultos), la música clásica les resulta aburrido, incomprensible y sin chiste.

Si la melodía no va acompañada de una canción no vale la pena, curiosamente no importa si no entienden lo que cantan en ella, porque a veces se les ve tarareando música en inglés y francés, pero es buena porque sale en el radio, solo hay una excepción, la ópera no está en esta clasificación.

Por lo anterior queda claro entonces que para muchos fue la primera vez que oían la Obertura 1812 completa. Las caras de asombro al iniciar la música fueron muchas, pero fueron más las de incredulidad, no entendían que estaba pasando. Sin duda más de uno la habrá relacionado con soundtrack de películas como V de Vendetta entre otras, pero no como una pieza musical tan basta como es esta obra rusa. Estoy seguro que si acaso uno o dos la habían escuchado detalladamente previo a este experimento del profesor Fisiología.

Tchaikovsky logra en 15 minutos llevarnos desde la angustia hasta la alegría y realiza uno de los primeros “remixes” de la historia, combinando obras religiosas como “Dios proteja a su Pueblo” de la Iglesia Ortodoxa Rusa con música tradicional como la danza “A la puerta, a mi puerta” y algunas obras militares, además de marchas como La Marsellesa el himno de Francia y considerado uno de los más bellos del mundo, campanadas, cañonazos y el himno imperial ruso “Dios salve al Zar”.

Pero esta mezcla lleva un orden que nos guía a través de la historia, desde que el pueblo ruso se entera que Francia les ha declarado la guerra, hasta la retirada del ejército napoleónico y los festejos de los moscovitas. Entre ambos sucesos, nos topamos con la invasión francesa, la retirada rusa y el crudo invierno de la región.

¿Pero a caso iba a demostrar algún fenómeno de la fisiología de la audición? En realidad no, sino que busqué demostrar la hipótesis de que por lo general cuando estereotipamos algo ya no le damos oportunidad. Esto sucede con la música clásica a la que se tacha de aburrida, sin sentido, anticuada, snob y un largo etc., pero también ocurre con otras artes, con la historia, las matemáticas y muchas áreas de la Ciencia, la Fisiología no es la excepción.

La materia ya tiene varios estigmas que arrastra de décadas, que sí es difícil y uno de los “cocos” o “filtros” en los primeros semestres de la carrera de Medicina, etc. Como materia básica, muchas veces es vista también como aburrida porque no captan como puede aplicarse en lo que ellos quieren hacer que es ver y curar pacientes. Nada más lejano de la realidad, la Fisiología es el punto de partida, junto con la Anatomía, la Bioquímica y la Histología para comprender el proceso de la salud y enfermedad corporalmente hablando, así que decir que la Fisiología no tiene aplicación es una aberración, pero a su vez una sentencia para el futuro de los estudiantes que bajo ese estigma poca o nula atención le ponen.

La falta de curiosidad en la juventud es alarmante, pero si bien es cierto que en mucho influyen nuestros sistemas de enseñanza, la problemática tiene varias aristas que la originan, en casa los padres matan la curiosidad de los hijos tal vez por no poder contestar todos los ¿por qué? planteados. Luego los mismos padres prefiere comprar consolas de juegos o sentar a sus hijos frente al televisor que darles un par de libros o enseñarles a utilizar la computadora para algo diferente a los juegos.

Pero los mismos jóvenes tienen culpa también, tal vez guiados por falsas expectativas o por casos como los líderes de compañías como Facebook, Twitter, Google que empezaron siendo estudiantes o el mismo Steve Jobs que confesaba haber logrado sus éxitos sin haber terminado la universidad, pero lo que los muchachos no entienden es que hay una diferencia entre ellos y estos empresarios, esto es la curiosidad.

Jobs se metía a clases de diferente cursos o compartía sus ideas para ir mejorando sus computadoras y lucho hasta conseguirlo, fue una combinación de curiosidad y esfuerzo la que lo llevó al triunfo. Lo mismo los estudiantes de Stanford que crearon un buscador y que originalmente tenían una vieja casa rodante como oficina, que tocaron las puertas de muchos inversionistas para obtener su apoyo y hoy son una de las empresas líderes en tecnología, Google. Tal vez más espontáneo pero también producto de la curiosidad es la historia de Facebook o Twitter.

El problema es que los jóvenes hoy en día creen que las cosas se dan por generación espontánea. Me queda claro cuando me dicen que no comprendo lo que es estudiar Medicina o desvelarse. Lo sé, probablemente mis maestros dijeran lo mismo de mí, pero cuando hablo con ellos me confirman que hoy en día el espíritu se nota caído y es que ya no tienen miras a futuro, sus metas no existen y es ahí, cuando faltan los sueños que la curiosidad muere.

Espero que Tchaikovsky haya logrado desperar en al menos alguno de ellos la ilusión para seguir buscando cosas nuevas, una ilusión para crecer como profesional y sobre todo como persona.

La Medicina Integrada en la diabetes mellitus

La diabetes mellitus ocasiona una muerte cada 7 segundos. (Imagen: http://infohealthz.org/)

Artículo publicado en La Jornada Aguascalientes

 

La pregunta obligada cuando la gente se entera que soy médico es cuestionarme acerca de mi especialidad. La cara de asombro y duda que les queda cuando les digo que me dedico a la Medicina Integrada es inmediata. Poco se sabe sobre mi especialidad y es que aunque ya han pasado casi 4 años desde que la primera generación nos graduamos, poca o ninguna promoción se le ha hecho por parte de sus creadores (Secretaría de Salud), pero la utilidad de ella resulta enorme.

Lógico es que cuando les comento a que me dedico, el interrogatorio continué en torno a qué se hace un médico integrista, para ello trato de ser concreto y explicarles que la especialidad surgió en respuesta a ese cambio demográfico, donde la población se vuelve cada vez más vieja, volteando la pirámide poblacional, llevándonos a un envejecimiento poblacional, tema del que escribiré en otras ocasiones. Así como sobrevino un cambio epidemiológico, es decir, cada vez tenemos menos enfermedades infecciosas y contagiosas y nos envolvemos en enfermedades del “primer mundo” donde la prevalencia más alta la tienen los padecimientos crónicos no transmisibles.

Es decir que la Medicina Integrada surgió como una respuesta certera a un problema real de salud, pero como en casi todas las áreas laborales de nuestro país los campos de trabajo para mis compañeros es reducido. ¿Cómo pueden estar reducidos si nos queda claro que la población envejece? ¿Cómo es que no tienen trabajo si se tienen encabezados  tan dramáticos como “Cada siete segundos alguien muere por diabetes en el mundo: expertos”? (La Jornada 11/10/11). El trabajo ahí está, pero las plazas laborales y el presupuesto para sustentarlas no.

México se encuentra entre los cuatro países con mayor crecimiento en la prevalencia de esta enfermedad. Es de todos conocidos el nada honroso primer lugar que ocupa nuestro país en obesidad infantil y su próxima coronación como máximo exponente de la obesidad en los adultos. Estos padecimientos son el principal factor de riesgo modificable para desarrollar diabetes mellitus, entre otros padecimientos crónicos.

Así como señala la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD en inglés), el combate a la diabetes implica un “enorme desafío” para los gobiernos y  no solo en el discurso electoral. Recordemos lo que dice el refrán: el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Tristemente la salud en nuestro país es un término que los políticos solo conocen en épocas electorales pero olvidan rápidamente cuando el voto les da un cargo.

Lo triste está que en nuestro país ya existen grandes ideas para el combate a esta problemática, inclusive no solo está en el papel sino que ya son realidades, las cuales parecen estar olvidadas. Bajo la batuta del Dr. Ruelas Barajas, quien fuese el Secretario del Consejo de Salubridad General hasta hace un mes, se gesto la creación entre otras especialidades la Medicina Integrada.

Enfocada a fungir como una camisa hecha a la medida del usuario de los servicios de salud, la Medicina Integrada responde como dijimos, a los cambios sociodemográficos y epidemiológicos de nuestro país, siendo capaces de influir desde la prevención hasta la rehabilitación. Así pues que resulta idóneo debido a su formación, el papel del médico integrista en la atención de la diabetes mellitus, ya que será capaz de gestionar programas preventivos y de detección oportuna, controlar la enfermedad, distinguir y manejar sus complicaciones y posteriormente acompañar al paciente durante su rehabilitación.

Pero la función del integrista va más allá, en sus competencias entra la capacitación del resto del personal de salud y es que resultaría absurdo pensar que un especialista sería capaz de resolver una problemática de esta magnitud por sí solo, así que colaborará a establecer programas de atención integrada entre el resto de sus compañeros en las diversas áreas, médicas y administrativas.

Tristemente en nuestro país solemos ser buenos para planear, pero muy malos para aterrizar los proyectos y como políticos pareciese ser un problema aún mayor. El caso de la Medicina Integrada es un caso peculiar, el proyecto vio la luz en una forma muy rápida y en muchos estados se han demostrado resultados en los lugares en donde se les ha dado oportunidad a mis compañeros de desempañarse, pero tristemente aún son muchas las entidades federativas que ignoran la existencia de estos nuevos especialistas o peor, aún conociéndolos menosprecian tales capacidades.

Sin afán de sonar presuntuoso, creo que un médico integrista bien preparado debe ser capaz de coordinar un equipo de especialistas en diferentes áreas de la Medicina para llevar a cabo acciones enfocadas a modificar el rumbo que la diabetes está tomando en nuestro país. Lo mismo diría de otras enfermedades crónicas como la hipertensión arterial y las dislipidemias, o bien las infectocontagiosas como el VIH, por mencionar solo algunos rubros en donde el integrista puede desarrollarse.

¿Pero entonces que está sucediendo? Pues bien, como en muchas ocasiones, el proyecto salió al vapor para cubrir ciertas expectativas y justificar otros cuantos presupuestos. Esto provocó que si de por sí se tiene siempre cierto rechazo a lo nuevo, la oposición a la naciente especialidad fuese intensa, tanto que perdura en muchos lugares hasta el momento. Como buenos científicos los médicos exigen pruebas de que esta será útil pero no se da la oportunidad de que se desempeñe como tal, pero en los pocos lugares donde se han podido desempeñar los resultados son evidentes.

Por otro lado, se deben evaluar varios puntos álgidos en la especialidad, entre ellos y quizás el más importante es la homogenización del plan de estudios, de tal manera que se compense la disparidad surgida del explosivo nacimiento. La consolidación de asociaciones locales y con ellas el fortalecimiento de la Asociación Mexicana de Medicina Integrada A.C. para que funja como representante del gremio en todos los factores ante la sociedad. De esta sociedad deberán surgir el Colegio y Consejo que regulen el actuar de sus miembros.

Ojala que pronto existan más secretarios de salud, encargados de programas y de la elaboración de políticas de salud que volteen a ver a estos nuevos especialistas como una opción y se les ponga a prueba (no quiero fe ciega sino hechos demostrables). De no funcionar sería el primero que apoyaría su desaparición o modificación.Pero hasta entonces nos toca a cada uno de los especialistas picar piedra en nuestros propios lugares de trabajo, institucionales y públicos, para demostrar la valía de nuestra especialidad, pero sobre todo por mejorar la salud de la población y de los individuos que la conforman.

Leer para no entender

Versión extendida del artículo publicado en Ultra Noticias

Hace algunos años fui asistente de profesor, tanto en preparatoria como en universidad, si bien no recibía ninguna gratificación económica o curricular, obtuve ya alguna experiencia y sobre todo germinó la semilla sembrada por mis padres, su pasión por la docencia. Posteriormente, cuando terminé la especialidad empecé a dar clases a los nuevos formandos, esta vez la recibí una carta de las autoridades universitarias agradeciendo mi ayuda, pero nada más.

Desde el mes pasado inicié en forma oficial a dar clases a estudiantes de Medicina, empecé con un curso de regularización de Fisiología, ya en unos días entraré de lleno con 4 materias, algunas de ellas (Fisio) un coco para muchos. La verdad es que me encuentro entusiamado, aunque algo preocupado, explico por qué:

Si bien es cierto que los chicos a quienes les doy clase actualmente están en un curso de regularización, lo normal o esperable es que hubiesen reprobado o fueran bajos en dicha materia debido a un mal sistema de estudio, falta de organización o de interés, jamás imaginaría que un estudiante de Medicina no entendiera Química (inorgánica básica) o no supiese leer, si leyó usted bien, no saben leer.

Como muchos de mis profesores, el primer día lo utilicé para asentar las bases de lo que sería este curso expreso de Fisiología y les pedí que leyeran un tema para el día siguiente. Cabe mencionar que de este curso depende para ambos alumnos su permanencia en la carrera, así que cuando llegué a la segunda clase esperaría hubiesen leído, el tema, “Potencial de Membrana”, un tema que requiere conocimientos básicos de Química: aniones, cationes, osmolalidad, osmolaridad y la nomenclatura de los elementos ¿quién no lo ha visto en la secundaria o en la preparatoria?… Ellos.

Conforme avanzaban las semanas, me percataba que aunque algunos si daban indicios de haber leído, nada habían entendido de lo que leían, es más, recaí en el viejo sistema de primaria de ir leyendo el libro y explicando conforme leíamos, es decir, enseñarles a leer. Me avergüenzo de escribir esto, porque mucha gente lo verá, incluso en el extranjero y sin duda alguna tomará una opinión de lo que nuestro sistema de educación representa y peor aún, llegará a conclusiones sobre lo que el nivel universitario en nuestro país es, pero creo que es mi deber como ciudadano, como médico y como maestro denunciar el preocupante nivel en nuestros sistemas de educación.

Independientemente de la profesión u oficio al que nos dedicásemos, considero que hay dos situaciones que son básicas, la lectura y el cálculo matemático elemental.  Para lograr un dominio de ambos hace falta práctica, mucha práctica, pero también la vigilancia de un sistema educativo eficiente, que lleve al alumno a enamorarse de la lectura, a leer por voluntad y no por educación, pero eso no está sucediendo.

Cuando diagnostiqué este problema en mis alumnos (además de tener un pésimo sistema de estudio), interrogué sus hábitos de lectura, ahí me quedé aún más frío, a sus 19-21 años, no habían leído más de 4 libros enteros en toda su vida, sin juzgar la naturaleza de los mismos. Es decir un libro cada 5 años, y para el colmo 2 de ellos fueron “tarea”, otro es lo que muchos llamaríamos literatura de baño y obviamente jamás habían tomado un libro clásico ni por error. ¿Cómo van a tener comprensión de lectura así?

Si no saben leer, no debería sorprenderme, aunque si lo hace, el hecho de que me encuentre con estudiantes de Medicina y que cuando pongo en el pizarrón Na, K, Cl, no sepan que esto representa al sodio, potasio y cloro, o que no encuentren diferencia entre nm y μm, es más no saber ni que es μ. Obviamente jamás tomaron clases de Etimología.

La disparidad de programas de estudio en nivel medio superior, hace que tengamos estados en donde la Química queda borrada del mapa académico, al igual que muchas otras materias, como las ramas filosóficas, etc. Mientras que en otras se cuente con un sistema más completo. Mi primera pregunta sería ¿por qué unos si pueden dar una educación más integral y otros se quedan con programas tan superfluos?

La semana pasada escribía sobre el hecho de que en jóvenes de secundaria y preparatoria, debiéramos preocuparnos por brindarles un mejor nivel académico y no caer en el juego de la “vocación temprana”. Si bien es cierto que muchos no serán químicos, ingenieros o médicos, creo que la cultura general no le hace mal a nadie, al contrario,  otorga más herramientas para defendernos en la vida.

A la columna que les comento, un lector me respondió al correo electrónico con un par de videos muy interesantes sobre Sir Ken Robinson y como él lo menciona en TED, creo perfectamente que un título no garantiza el éxito ni es sinónimo de intelecto (¡cuanto imbécil no conozco con títulos y grados!) y también es cierto que las escuelas deben procurar dar al niño, adolescente y joven una educación, como puse antes, más integral, donde no solo se impartan materias básicas, sino también oficios, artes, etc. De ese modo, ahora sí, sin duda alguna nuestro joven tendrá un bagaje más grande de posibilidades de encontrar su verdadera vocación y como desempeñarla en base a sus competencias (tema de boga).

Pero analicemos, eso no significa que como afirmó la Sra. Gloria Calzada, deban de suprimirse, por el contrario, es necesario conocer todo para poder tomar una decisión.  Además tener una base amplia y fuerte, no le hace daño a nadie, por el contrario, le da muchísimas más herramientas para realizar aquello que se proponga y defenderse en la vida.

Por su puesto, como Sir Ken Robinson menciona, hay que fomentar en el joven aquellas habilidades que tenga y entusiasmarlo por mejorarlas, además de apoyarlo a que se desarrolle en lo que el más quiera y le guste, sin duda eso mejorará el nivel de calidad de vida.

¿Pero qué opinan de los maestros con faltas de ortografía o que leen mal en voz alta? ¿Inverosímil? Cualquiera diría eso, pero tristemente cada vez es más común, y ahora nos dicen que en un examen de validación para maestros, es aceptable que la gran mayoría tenga “al menos” el 30% de las preguntas bien contestadas.

Hacen falta artistas, BUENOS artistas, hacen falta plomeros, BUENOS plomeros, hacen falta médicos, BUENOS médicos, hacen falta maestros BUENOS MAESTROS.  No es posible que caigamos en una mediocridad (¿mediocre pedir menos del 50%?) tal que podamos aceptar que nuestros profesores de primaria no sepan leer ni escribir, porque si eso sucede, nuestros médicos no sabrán leer ni escribir y si no entienden lo que leen, ¿confiaría usted en ellos? Tristemente yo no lo haría.

¿Es responsabilidad de la universidad enseñar a leer? Pienso y sostengo que no. No podemos ir tapando baches, tenemos que solucionar el problema de raíz.

El último día que mi abuela me reconoció

La Yaya y Coustoeau. El último día en que me reconoció

Versión extendida del artículo publicado en Ultra Noticias

Desde chico me gustaba platicar con ella, no fue nunca de carácter fácil, pero sin duda fue de las personas más importantes de mi vida. Ya he escrito de mi abuela, esa persona que compartió conmigo cientos de fines de semana de mi infancia, que me enseñó a saludar a mi abuelo en las estrellas y que veló por mi salud en momentos importantes, cuando mis padres necesitaron de su apoyo.

Fui el mayor de sus nietos, viví a unos pasos de su casa y por ende en conjunto, fui de los que más tiempo pasaron con ella. Me contaba gustosa sus aventuras de niña en su Pendueles querido, aquel pueblo en Asturias que la vio nacer. Hija del médico de la zona, era conocida por muchos de los migrantes de la región, además de heredar el afecto que la gente le tenía a mi abuelo, lo que a pesar de su dura forma de ser, hiciera que tenga mucha gente que le guarda gran afecto.

Pícara y con facilidad para encontrarle el tono picante a cualquier cosa que encontrase o se dijese, mi abuela aprovechaba para dar un giro inesperado a cualquier comentario, creo que de ahí viene gran parte de mi “habilidad” en el albur. Compañera en muchos viajes, con grandes ocurrencias, quedaron en el tintero las promesas de ir juntos al lugar donde nació, para revivir juntos todas sus peripecias.

Mi abuela representa mucho de lo que soy y sin duda una parte importante de mi vida.

Hoy ella está y no está. Voy la veo y me encuentro con ella, pero no me reconoce. Hablamos de mil y un cosas, en ocasiones sin sentido, en otras cuantas estamos remontados en un viaje por el tiempo, siendo amigos de la infancia mientras platicamos en La Acebosa, cuando me habla de personajes, unos conocidos y otros totalmente nuevos para mí. Aún cuando en ocasiones me toca ser regañado, insultado, etc. no puedo evitar querer pararme en su casa un buen rato para verla y oírla. Se me estremece la piel y el corazón cuando muestra señales de angustia y llora, sobre todo cuando su mente la lleva a tiempos de la Guerra Civil y me ve como un “contrario”, ahí es cuando confirmo lo que ella me enseñó, ¡cuanto daño puede hacer la guerra! no importa a que bando pertenecieras, “ganadores” o “perdedores” ambos quedan con grandes estragos.

Por el momento, cada vez que la voy a visitar, mi abuela me ubica, sabe que me conoce, por lo general resulto ser un familiar muy querido, pero pocas veces me ve tan cercano como su nieto. De unos meses para acá en que el Alzheimer se ha llevado a mi abuela en forma más rápida, son menos las veces en que mi abuela me reconoce como su nieto, de hecho, ya hace varias visitas que no lo hace. Pero para mí habrá un día en especial que quedará en mi memoria.

Poco antes del día de mi boda, Talia, mi actual esposa y yo fuimos a visitarla. Si bien en ocasiones previas había sido muy clara en que quería bisnietos e inclusive fue gráfica al explicar como había que traerlos, el último día no solo me hizo reír sino tambien llorar. Estuvo muy simpática y conversadora, ya con las repeticiones de tema cada 5 minutos, donde rondaban las preguntas sobre mi trabajo, si estaba contento, si seguía viviendo en el mismo departamento que había conocido, le comentaba a Talia que yo le había prestado mi cuarto y sobre un puente que llevaba al centro de la ciudad (no todos notan ese puente). Llevaba a Cousteau mi perro, al cual tomo en su brazos y lo acariciaba continuamente, una escena que se había repetido muchas veces, pero en esa ocasión me conmovió aún más, algo estaba pasando entre los dos, él no se le alejaba y la quería besar, ella lo veía con detenimiento, tuve que tomar varias fotos, no muy buenas pues fueron esporádicas y sorpresivas para no matar el momento. Obviamente salió a la luz el hecho de tener familia, que si ibamos a tardar en “encargar”, etc.

Pero justo al despedirme de ella, como si supiera que era la última vez que tendríamos una conversación relativamente en línea y coherente de cabo a rabo, mi abuela me abrazó y con lágrimas en los ojos me dijo que jamás olvidara que me quiere mucho. No puede más que abrazarla mientras mi corazón parecía hacerse una uva pasa y mi piel se erizaba toda. Pocas veces había visto a mi abuela con tal sentimiento. Luego se volteó hacia Talia y le dijo lo especial que era yo para ella y que debía cuidarme mucho. Remató dándole autoridad para regañarme y traerme cortito (¡no lo hubiera hecho nunca!).

Este fin de semana pasado fui a visitarla, fue de esas ocasiones en donde supo que me conocía, pero ni siquiera me ubicó en su infancia, no reconoció a sus padres en la foto que tiene en su cuarto y pasó momentos de mucha angustia, caminamos un rato por el pasillo de piso rojo en su casa, tomados del brazo y ella, sin reconocerme del todo me tuvo la confianza para que revisara su cadera que le dolía, eso sí, escogiendo el comedor como el mejor punto para realizar la auscultación. Salí triste.

Resulta difícil para cualquiera ver esto en su casa, en uno que sabe lo que viene y el como se comporta la enfermedad se pensaría que sería menos amargo, pero no sé si no es todo lo contrario. El Alzheimer es una enfermedad agotadora, no tanto para el paciente, a quien si sus familiares y amigos tienen bien cuidado, puede vivir momentos muy buenos, en un mundo difícil de comprender para los que nos quedamos en la “normalidad”. Esta es una enfermedad que sufren más bien los allegados al paciente, las parejas, los hijos, los nietos, los amigos.

Reta a todos los que rodean al enfermo, en definitiva es una gran prueba de amor, de fidelidad y sobre todo de compasión. En el caso de mi familia todos han “jalado parejo”, cada quien a su estilo y con sus posibilidades, pero todos están ahí, es un hecho que eso ha facilitado un poco las cosas. En Geriatría y Gerontología se tiene contemplado el síndrome del cuidador y no es en vano, en pacientes como los que sufren demencia de Alzheimer, la familia y en particular quien funje como cuidador responsable si alguien absorbe esa carga en mayor porcentaje, puede terminar agotado, deprimido y terminar quebrándose. Esto lleva a consecuencias graves tanto al paciente que puede sufrir abandono, como al cuidador mismo en su estado anímico y físico y al entorno familiar, por ello resulta de vital importancia valorar a la familia, establecer estrategias y trabajar en equipo.

Aún estando lejos, cosa que me parte el alma, he procurado estar lo más cercano posible a la Yaya, no quiero dejarla sola, me resulta sorprendente y triste estar tan cerca y tan lejos, saber que es lo que viene y no poder hacer mucho al respecto.

Yaya, te amo.

Libros mágicos de Anatomía

Frencesco Minniti. Armonia astro-medico-anotomica; Venecia, 1690

Desde niño me ha gustado leer, mis padres tuvieron a bien fomentar en mí este placer, pero sin duda cuando era chico y todavía en la actualidad hay un tipo de libro que disfruto, tal vez no tenga mucho contenido literario pero sin lugar a dudas son sorprendentes y muy didácticos, yo los llamaba “libros mágicos”, comunmente son conocidos como libros desplegables o “foldout”.

Hoy me topoco con esta maravilla, libros desplegables para estudiar Anatomía en Bioephemera, y es que la Universidad Duke a través de la Biblioteca Perkins lanza la exposición “Animated Anatomy“, exhibiendo estas maravillas, algunas de ellas de 1530.

Pero mejor dejo de escribir, disfruten el video a continuación, me fascinaron los modelos de cuerpos plegables que se exponen al final.

 

 

Los traumatólogos deberían alinear los chackras

¿A quién acude un homeópata en caso de sufrir un infarto? ¿A otro homeópata? Permítanme dudarlo. Un acumputurista en un accidente automovilístico ¿va a que le alineen los chackras? No lo creo. Y usted, ¿cree en la homeopatía?

Hace un par de semanas subía en El Ocio de la Ciencia un video sobre una sala de urgencias “homeopática”, posterior a ello me sentaba a escribir sobre la “fotosíntesis humana“, tema en el que ya no ahondaré más por considerar que estaría dándole publicidad innecesaria e injusta, pero precisamente hablando de ese tema es que nace este artículo, hoy sí publicado en aquí en Medtropoli.net por el hecho de que viene desde la perspectiva del médico y no del científico en general.

Pues bien, tras escribir el artículo sobre fotosíntesis humana y como lo tenía previsto, empezaron a caer los comentarios de sus defensores, unos en forma más respetuosa e inclusive valiente publicándolo en el blog, otros por Twitter, etc. pero todos en conjunto no dejan de sorprenderme, inclusive critican que mi única fuente de conocimiento sobre el tema fuera internet y el suyo ¿cuál es?. La realidad es que aunque conocidos, hay fenómenos que no dejan de asombrarnos y el hecho de la fe ciega en algo para mí incomprensible. Trataré de ser breve, conciso y muy preciso:

Me impresiona como la gente puede creer que la Medicina lejos de ayudar a perjudicado a la humanidad, si bien es cierto el argumento que quieren utilizar de que la industria farmacéutica se ha enriquecido, una realidad es que también la investigación entorno a un medicamento es muy cara y que lamentablemente es en el costo de los medicamentos donde se tiene la posibilidad de recuperar la misma. Así que con dicho argumento refuto los supuestos costos “económicos” de los tratamientos alternativos, cuestionando en dónde se basan para asegurar que un producto diluído n veces en agua es curativo. Pero vamos más allá, para las diluciones que se suponen que hacen, el costo de la botellita de 20 ml de agua se me hace excesivo, ya de por sí creo un robo lo que cuesta una botella de agua “purificada” en el mercado.

Pero vamos, que me dicen que si la Farmacéutica como técnica aplicada de la Química, la Biología y otras ciencias no ha servido porque el número de enfermedades a incrementado, me dice que quien tengo enfrente es un perfecto ignorante de la Epidemiología, de los cambios sociodemográficos y epidemiológicos, de la reducción en enfermedades infectocontagiosas, en gran medida atribuíble a las vacunas que tanto atacan. Hoy en día la gente vive 80 años, cuando hace menos de un lustro la esperanza de vida en muchos países no llegaba ni a la mitad.

Cuando se demuestra que alguien esta robando una investigación, ahí mencionan que no “importa” quien se “cuelga la medallita” y por lo tanto tampoco quien percibe el dinero que van a pagar por determinado medicamento o producto, ¿no es contradictorio a sus argumentos contra la industria farmacéutica? Entonces, ¿el fin justifica los medios?

Pero vamos, lo pongo simple y resumido como lo prometí, cuando acude un paciente al médico por diarrea, diabetes mal controlada, hipertensión, de nada sirven los 6 años de carrera estudiada, más el tiempo invertido en una especialidad en muchos de los casos y el tiempo y dinero que el galeno invierte en continuar actualizado (cursos, congresos, revistas, etc.), la consulta es un robo, le ven la cara. Es mejor pagarle a alguien que tomó un diplomado en línea, que le va a poner unos imanes, le recomendará unos cuarzos y le dará unas gotitas de arsénico diluído millones de veces,  todo por el costo tal vez 30% más bajo que el del médico (sino es que igual o más caro) y es que el chochero si lo va a curar. ¿Por qué entonces confían en la Medicina, sus fármacos y sus practicantes cuando están teniendo un infarto o sufrieron un accidente automovilístico? ¿Por qué no van con el huesero para que les cure la fractura de cadera? Mejor vayan con su homéopata para que les dé algo que revierta el infarto o el evento cerebrovascular.

Entiendo que la desesperación puede llevar al hombre a hacer cosas insospechadas, pero en la mayoría de las ocasiones la gente no está desesperada, simplemente quiere “ahorrar” unos pesos ahora y cuando las gotitas no funcionaron, entonces es un robo lo que el médico u hospital cobran por solucionar las consecuencias, que siempre son más complicadas y caras de atender, por su puesto, si no se revierte el infarto, la culpa será del médico, no del chochero y mucho menos del paciente que decidió suspender la metformina por tomarse la yerbita del merolico.

Me veo en la necesidad de volver a poner el video, nada como las imágenes para sintetizar.

Lo que a este hombre le faltó es que teniendo una desviación de los huesos por el accidente, les alinearan los chackras.

La bata blanca, ¿necesidad real o tradición impuesta?

Imagen: felixmaocho.wordpress.com

Recuerdo cuando era chico y acompañaba a mi padre a su trabajo, verlo caminar con ella puesta y luego voltear a mi alrededor y ver tantos entes caminando orgullos con otra igual sobre sus hombros, en realidad es que era un objeto cuasi mágico con el cual soñaba vestirme alguna vez. De niños algunos sueñan con su capa de mago, con la Superman o con infinidad de vestimentas distintas, yo siempre quise portar una bata blanca.

Ya en la secundaria, cuando empiezas con tus clases en los laboratorios de Biología y Química, entre las hormonas a todo lo que dan y la ignorancia de lo que esa vestimenta implica en un futuro, tu cabeza se dispara y empieza a elevarse, ¡no te la quitas ni para ir al baño! Poco a poco empiezas a aburrirte de ella, pero sigues con la ilusión de que un día esa bata se acompañe de un estetoscopio y que tenga tu nombre bordado con la abreviatura Dr. precediéndolo.

Al llegar a la facultad, ilusionado te pones los zapatos blancos, los calcetines blancos, los pantalones blancos (por su puesto los calzones blancos, sino todos verán los corazoncitos), la camisa blanca, el cinturón blanco, la corbata y por su puesto ¡la bata blanca!. Caminas cual pavorreal, urge que todo el mundo voltee hacia donde estás… llegas y ves que a tu alrededor hay más de 1000 personas que visten el tan preciado atuendo, en realidad en ese mundo, lo único que logra es opacarte, el día que te vistas de negro o de rojo, ¡ese día brillarás! ¡Ah! pero han de terminar las clases y saldrás a la vía pública con dicho atuendo (tal vez ya un poco sucio del uso diario) pero es la oportunidad perfecta para que te vean, aunque los profesores te dicen que te quites la bata al salir del hospital para evitar la contaminación (de adentro hacia afuera y visceversa), haces caso omiso y caminas con ella por todos lados, te metes al metro, te subes al autobús, manejas con ella y si pudieras duermes con ella. Cuando llevas 6.5 años viviendo con ese atuendo empiezas a aborrecerlo, de pronto se te ocurre que quieres estudiar una especialidad, así que el “disfraz” lo tendrás al menos unos 3 años sino es que una decena más. Entonces empiezas a aborrecer el blanco en tu ropa y cuando ya no quieres usarla, los zapatos blancos, las camisas blancas, las chamarras blancas, son el accesorio de moda.

Pero no empecé este artículo tan solo para hacer un anecdotario del uso de la bata en el estudiante-residente, sino por que hoy, pensando de qué escribiría para no dejar pasar mucho tiempo, vi mi bata colgada frente a mi, muy mona en un gancho y me dí cuenta que después de tanto pelear por ella, poco a poco, la he ido haciendo a un lado y quiero comentarles el por qué, para luego recibir sus impresiones.

Tal vez guiado un poco por el aburrimiento de vestirme tanto tiempo igual, particularmente al salir del internado con las guardias y los uniformes que al terminar, más que blancos parecían grises o quizás movido por el hecho de estar en el servicio social, rodeado de tierra y lodo, con un mucho calor y donde podía lavar muy poco mi ropa (la blanca recién lavada con un ventarrón quedaba peor, por lo que esa la llevaba a que me la lavaran en una lavandería una vez al mes), poco a poco fui dejando mi bata a un lado, misteriosamente empecé a notar que la gente se me acercaba más, particularmente la gente mayor y los más jóvenes. Esta serendipia me llevó a tomar una nueva actitud, me dí cuenta que más allá del estatus que me pudiese dar la bata, ese objeto de deseo infantil y puberiano, prefería la cercanía con mis pacientes. Puedo encontrar mil y un razones que justifiquen su uso y un número similar que apoyen mi noción, tal es el caso del fenómeno de hipertensión por bata blanca.

Hablemos de este último fenómeno para tratar de explicar mi teoría (que aclaro puede ser errónea):

Es cierto que el fenómeno de la hipertensión por (o de la)  bata blanca, no está forzosamente relacionada a esta prenda, sino que ha sido denominada así por el hecho de que la gran mayoría de los médicos la utilizan. Pero este fenómeno demuestra, en base a muchos estudios realizados, el efecto que el simple título de “médico” puede tener en un paciente. Si el simple hecho de saber que acuden a un consultorio puede generar tanto estrés en un paciente, ¿qué sucederá si al sentarse en el consultorio lo primero que ve es una bata blanca y un estetoscopio colgando del cuello?

La realidad sea dicha es que aunque muchos manejarán que es una cuestión de higiene, es más que nada una tradición heredada, creo inclusive más antihigiénico el uso de este implemento que se tiende a lavar menos que la ropa que nos quitamos y ponemos día a día. Es simplemente un símbolo del que ni los mismos médicos saben su signficado e historia. Además de ello es un sistema de “defensa” del médico ante cualquier imprevisto con el paciente, es poner un letrero de “yo soy el que sabe”,”yo soy el que manda” o algo así como “cuidado médico adentro”. Lo mismo sucede con el fenómeno del estetoscopio colgando del cuello, que si bien en el hospital tuve la experiencia de que era mejor usarlo así que verlo robado, no tiene mayor utilidad y bien puede guardase en la el bolsillo del mismo pantalón y en tu consultorio mantenerse en el área de exploración.

En resumen, yo soy de los que han ido rompiendo con las costumbres y suelo atender a mis pacientes sin tal vestimenta, jamás he tenido problemas en establecer los “roles” de médico y paciente, por el contrario la relación la siento más cercana, con mayor confianza. En el trabajo gubernamental llevo una, pero suelo dejarla colgada en un “perchero” improvisado en la lámpara de pie. Sin tener estudios controlados, basado en mi propia perspectiva, esto me ha dado resultado, pero en honor a la verdad otras fuentes señalan lo contrario (tengo qeu buscar el estudio original y ver si se menciona el cuestionario y este no era tendencioso).

Quiero aclarar que no es lo mismo hablar de la bata en el consultorio que de un uniforme quirúrgico donde si tiene un papel real de asepsia y antisepsia o inclusive de la bata en un laboratorio, donde esta es una vestimenta de protección.

¿Qué opinan? ¿Es la bata un implemento necesario o impuesto por la tradición o se trata de un arma egocéntrica del gremio médico?

¿Médico o surtidor de recetas?

Imagen: cooperativa.cl

Como lo he mencionado en otras ocasiones, siempre estaré a favor del trato cordial, cálido y cercano a los pacientes, pero también he subrayado que el paciente debe de corresponder a dicho trato de igual forma, además de responsabilizarse de su salud. El médico y el personal de salud deben de trabajar para velar por el bienestar de los pacientes, pero de nada servirá el trabajo de los galenos, enfermeras, nutriólogos, psicólogos, etc. si el paciente no lo quiere.

En reiterados artículos he escrito que la labor del médico debe ser reconocida, que si tanto se ha puesto de moda el síndrome de Burn Out, es precisamente por la falta del estímulo a la actividad del personal de salud, fuese la profesión o actividad que fuese. Pero creo que en su mayoría mis comentarios han ido dirigidos a las autoridades y compañeros, pero en las últimas semanas me he dado cuenta de que también debo enfocarme en los pacientes, esto me ha extrañado hasta a mí, puesto que generalmente digo que la mejor paga que tiene el médico es el agradecimiento de sus pacientes, entonces ¿por qué concluyo esto ahora?

Sigo sosteniendo que no hay mejor paga en el mundo que ver que un paciente te sonríe, te de las gracias, o se acuerde de ti y te lleve una goma de mascar, unos dulces, un queso, una sábana hecha por ella, una bufanda, etc. (no podría enumerar todas aquellas cosas que me han dado y me motivan). Pero realmente lo que más me motiva es ver que mis pacientes responden a las acciones que yo hago. Y, ¿qué hago?

Pues bien mi labor tanto en mi trabajo en el sector público como en el privado, se centra principalmente en educar, creo que va más allá de prescribir una receta o realizar alguna intervención física. En su mayoría los pacientes que yo atiendo son adultos, así que podemos concluir por ahí, que ya son responsables o al menos eso creemos. El asunto es que educar a un adulto es muchísimo más difícil que educar a un niño, tiene usos y costumbres muy aferradas, varias de las cuales tenemos que modificar para controlar sus enfermedades, diabetes, hipertensión arterial, dislipidemias, obesidad, etc. Es por ello que hacemos muchas veces uso, no solo de las habilidades que pudieramos tener nosotros, sino de la consejería y orientación de Psicología.

Ok, sabemos entonces que los cambios serán difíciles, que no los veremos de la noche a la mañana y que requieren de constancia por parte del equipo para lograr crear conciencia, para cambiar usos y costumbres arraigados a través de los años, pero cuando se logran estos cambios, sabemos que el paciente ha entendido, se ha responsabilizado de su problema y en definitiva, significa un gran logro para todos los que integramos el equipo, algo que nos motiva a seguir trabajando. Lamentablemente reitero, no es algo sencillo y no siempre se obtiene el éxito esperado.

Pero esos “pequeños fracasos” no son los que nos derrumban, porque en sí, la gran mayoría de los pacientes, aunque no hagan cambios de 180º, si hacen pequeñas modificaciones en su estilo de vida que impactan favorablemente en su salud y conforme van viendo resultados se van motivando a seguir cambiando. Estos pacientes, que vemos tan seguido y que van sintiendo los resultados, van integrándonos a sus vidas e inclusive, resulta difícil darlos de alta para que sigan siendo manejados  en sus unidades y muchas veces vuelven.

Así pues, que un artículo que empezaba como queja parece subrayar el por qué considero la mejor paga, la que viene no de la cartera, sino de la misma salud y de la actitud del paciente. Pero era necesario ver el lado positivo para entender el obscuro. Tristemente, existen pacientes que por más que uno le busca, no encontramos la forma de cambiar nada, siguen viendo en el médico y en la Medicina, la solución exprés, tal vez motivados por todos estos pseudofármacos maravilla que “curan” todo, incluyendo la diabetes, sin el menor de los esfuerzos.  Para ejemplificar les contaré una anécdota de esta semana:

Llegó una paciente, que como muchos, acuden a consulta con una lista como si estuvieran acudiendo al supermercado, esperando que uno les surta las recetas según sus deseos y no según sus necesidades. Inclusive, cuando se les pregunta cómo se ha sentido, si no ha tenido alguna molestia, etc. lo niegan, pero solo ven que uno saca el bloc de recetas o sabe que está escribiéndolas en la computadora, después de media hora de consulta empiezan a toser y te dicen que si no tienes antibiótico, así, directo, sin titubeos.

Respiras profundamente y comienzas un interrogatorio, ¿desde cuando tiene tos? ¿Con o sin flemas? ¿Fiebre? Las respuestas son: Desde ayer en la noche (menos de 12 horas), sin fiebre, sin flemas. Te paras, auscultas, revisas la garganta y todo se ve a las mil maravillas. Realmente no requiere un antibiótico. Prescribes un antinflamatorio ya que te refiere “dolor en la garganta” y explicas el por qué no consideras que requiera antibiótico.

De inmediato te pregunta que si no tienes nada inyectado (resulta que la razón principal para rehuir a la insulina es el miedo al piquete, pero todos quieren antibióticos inyectados), le comentas que no y te refutan: ¡yo vi que la señora que salió antes que yo se llevaba unas inyecciones!.

Le respondes cortesmente  ”la señora que salió antes que usted llevaba insulina, es lo único inyectado que manejamos en esta clínica, si requiriera algún otro medicamento, como un antibiótico, se le enviaría a su Centro de Salud, esta Unidad está focalizada únicamente a enfermedades crónicas, cuenta con un arsenal pequeño de antibióticos y otros medicamentos para enfermedades que pudieran aparecer cuando acuden a su consulta mensual, pero resulta muy básico”.

Cuando te levantas para acompañarla a la puerta,  la paciente se para y se acuerda que le duelen las rodillas ¿no tendrá diclofenaco? y de una vez doctor, deme algo para el estómago, que me ha dado gastritis, pero que no sea ranitidina, no me hace, mejor omeprazol o pantoprazol. (El por favor a quedado borrado del léxico)

Lo siento señora, como le comenté, esta clínica tiene una función específica, además de que ya tenemos el tiempo justo y necesito pasar a los demás pacientes, acuda a su Centro de Salud para que valoren que medicamento es el mejor para usted.

(Nota: a la paciente le concedí 15 minutos más de consulta para atenderla de su supuesta infección, cada vez que terminaba una receta, tenía un nuevo padecimiento. Insisto en que defiendo el tiempo de consulta largo, pero en este caso la señora obtuvo una consulta de 45 minutos y también hay lo que se llama respeto por el paciente que espera fuera).

Termina la consulta y parece que ahí acabó el incidente, el cual ya te molestó un poco pues te hace sentir, al menos a mí, utilizado y que tu palabra y años de estudio no tienen valor ante los deseos de su majestad la paciente. Pero no, al día siguiente llegas a la sesión clínica de la unidad y frente a todo el equipo tu Director te comenta que la paciente se fue a quejar, que deberías atender todo lo que se presente aunque sea una clínica de crónicos, en resumen que no atiendes a los pacientes como se debe. Cuando preguntas por qué caso hablan, te enteras que fue la señora del antibiótico y das tu versión de los hechos, a medias porque no te dejan terminar, cuando tu Director te dice que él si le prescribió el antibiótico. Mejor no interrogar los criterios de dicha prescripción, porque sin duda no hay otro que “quitarse a la paciente de encima”.

La carga de pacientes que vienen pidiendo antibióticos ha incrementado a raíz de la política (bien impuesta), de prohibir la venta de medicamentos sin prescripción, el problema está en que los médicos seguimos prescribiendo fármacos sin tener criterio alguno, tan solo por “agradar” al paciente. Bajo mi premisa de que lo correcto es educar y no ser repartidor de fármacos, seguiré siendo criticado por mis autoridades, pero tengo evidencia que me respalda.