Home » Archive by category "Calidad" (Page 2)

¿Pagar a quien cuida sus salud o multar a quien no lo haga?

PUBLICIDAD

Somos libres de decidir sobre nuestra salud, entonces también seamos responsables de sus consecuencias. (Fuente: atinachile.cl)

Lo he dicho varias ocasiones, el sistema público de salud en nuestro país no funciona adecuadamente y estoy inmerso en él, pero esta vez no lo achacaré al gobierno (únicamente). Creo que como en muchas cosas, los gobiernos paternalistas (conste que advertí que no es únicamente) mal acostumbran a sus pueblos, quienes fácilmente caen en el juego del pan y circo, acostumbrados a extender la mano y que se les dé para callar opiniones, pero pierden el sentido de lo que reciben.

Es cierto, he hablado de dar un trato de calidad, afectuoso y cercano al paciente y lo sigo sosteniendo, pero también es cierto que en varias ocasiones son ellos, los usuarios de nuestros servicios, quienes los infravalúan, no solo nuestros empleadores. El “paciente” (nótese el entrecomillado) se muestra poco afectivo y comprensivo en la espera de su consulta, hoy leía twitter de @modomedico una reflexión que me hacía reír, pero es cierto:

¿No protestas porque tienes que esperar mucho en una cola en Rebajas pero sueltas sapos y culebras en Urgencias?” que dicho sea de paso se deriva del post Urgencias, rebajas y reclamaciones de @lamamapediatra.

Pues bien, como lo mencioné al leerlo en forma inmediata despertó una sonrisa en mi, luego el remordimiento porque, sentida o real, lo que un paciente en la sala de espera de Urgencias tiene, es para él (ella) eso, una urgencia. Pero podemos translaparlo a mi mundo, el de los pacientes crónicos, ellos acuden a mi unidad sin urgencias, con cita previa, generalmente respetada y aún así reclaman el tiempo de espera si uno se retrasa 10 minutos, y hay que subrayar, ese retraso es resultado de darle un poco más de tiempo a otro colega suyo, un enfermo igual que él (ella) que requirió más tiempo para comprender su padecimiento, un nuevo tratamiento, explicar un procedimiento o lo que sea, pero estoy seguro, como lo dice Sophie (@mondomedico), bien pueden esperarse para cosas menos importantes que su salud.

En más de una ocasión e contabilizado con mis pacientes cuanto gastan en cigarros, refrescos (sodas), golosinas y otras “inversiones” que lejos de favorecerlos los perjudican, se sorprenden al darse cuenta que gastan mucho más al mes que lo que cuesta el medicamento que les sugiero, que casi siempre ya hay en genérico, y eso que no me meto en otros menesteres de su vida en donde seguramente ponen su dinero en la basura. Pero es que resulta más cómodo culpar al gobierno de no querer mejorar nuestra salud, sino me curo es porque el fármaco que me dan esta “diluido”, no me tomo lo que me prescriben porque no lo hubo en la farmacia de la unidad y no iba a gastar en ello.  y un largo etc.

Muchas veces me he preguntado, ¿los pacientes se cuidarían más si se les cobrara la consulta, aunque este fuera un costo “simbólico”? La respuesta es que no, tal vez mejoraría un poco la cifra, pero tampoco mucho, la verdad es que hay muchos pacientes que aunque quieran no pueden sustentarse su tratamiento, inclusive algunos que no pueden ni siquiquiera financiarse su alimentación (hoy tuve un caso) y es por ello que da más coraje ver que se invierta en tratamientos de padecimientos auto-infligidos.

Una realidad es que la política de salud es algo compleja, por eso considero que debe llegar a esos puestos gente muy preparada, tanto en el área médica como en la política. Hace unos días leía en Matasanos.org una nota que me llamó la atención “…en Catalunia el nuevo conseller de Salud de la Generalitat, Boi Ruiz, a propuesto imponer las denominadas ‘tasas de uso’ sanitario con el fin de concienciar a la población sobre el elevado coste de la sanidad pública” ¿Será efectiva la media? Tal vez pudiera servir, no lo sé, pero la verdad es que somos muy tercos, ¿cuántas veces no nos han dicho que el cigarro mata? Y aun así se fuma. ¿Cuántas veces no nos han dicho que las golosinas hacen daño, hasta les llamamos “alimentos chatarra“? A pesar de ello los consumimos. Así pues que saber cuanto se gasta en una consulta, no creo que genere gran conciencia social, se considera ya “un derecho” cueste lo que cueste. “Tengo de derecho a estar sano aun a pesar de mí”.

Volvamos al ejemplo que puse antes, mis pacientes no gastan el dinero en su medicamento, pero lo gastan en ‘alimentos con bajo contenido nutritivo’, curiosamente, invierten en lo ‘prohibido’ y no en lo que necesitan, en general son pacientes con Diabetes Mellitus, no deben consumir alimentos con azúcares simples, pero toman grandes cantidades de refresco, compran pastelilllos industrializados y fuman, para incrementar su riesgo cardiovascular. Una vez con el infarto, acudirán al servicio de Urgencias, reclamando (como menciona @mondomedico) ser atendidos porque es “su derecho” y por culpa del gobierno que no los cuidó están ahí muriendose.

En respuesta a lo mismo leía en @BitacoraMedica una noticia que también me sorprendía, en Gran Bretaña se pagará a los pacientes que se cuiden. Personalmente me resultó una medida absurda y contraproducente, a menos que ustedes opinen lo contrario, creo que de poco ayudará, pues ahora se tendrá que pagar a quienes decidan cuidar lo que tienen y pagar la atención de aquellos que decidieron no hacerlo, puesto que resulta muy complejo definir quien perdió la salud por cuenta propia. Creo que si bien es cierto que la salud es un derecho, no deben por qué pagar por que lo cuides, ¿alguien me paga por ser libre?

¿Por qué no realizar la medida contraria? Multemos a aquellos que no cuidan su salud, grandes manifestaciones se han hecho por los incrementos en los impuestos a cigarrillos, medida que comparto porque en cierta forma es eso, una multa por no cuidar tu salud (aunque se vea más como una forma de sacar dinero para programas que no son exactamente en salud).  Estos impuestos y medidas también se han buscado aplicar a golosinas y refrescos, pero imagínense el revuelo que se haría.  ¿Cómo se vería la situación si al paciente que no sigue las indicaciones médicas, nutricionales, etc. se le girara una boleta con una multa? En general Salubridad sabe donde hay pacientes enfermos y quienes no se están cuidado, ¿no los forzaría a hacerlo? Y sí, que se le de la medicina y la atención al paciente que acude a su consulta, muy probablemente financiado por aquél que ha decidido vivir “mejor” aunque sea menos tiempo.

Reitero, crear políticas de salud es sumamente complejo, muchos manejarían que es su cuerpo y que el individuo puede hacer con él lo que quiera, ¿pero cuando esto implica un costo para los demás? Aquí entra la Bioética, etc. y se presta para hacer un buen caldo de discusión ¿ustedes qué opinan?

Encuestas de calidad parecen no tener eco en la práctica

PUBLICIDAD

La comunicación médico-paciente es imprescindible. (Fuente: TodoSobreCancer.com)

Digamos que hay cosas que si sigo como un dogma y uno de ellos es el dicho que mi madre me repetía hasta el casancio: “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Y en este caso se aplica perfectamente.

En repetidas ocasiones he hablado que la calidad en la atención no puede, ni debe, estar basada en estadísticas, encuestas sin destino real o una aplicación tangible, y parece ser que lo mismo opinan en el estuido de RAND Corporation (el programa más grande de los E.U.A. en cuanto a políticas de salud) y publicado en el Journal of General Internal Medicine.(1)

Resulta que según este estudio, muchos médicos de Massachusetts están aplicando encuestas de opinión a sus pacientes, pero como de este otro lado del Río Bravo, estas no están siendo aplicadas en nada tangible que mejore la comunicación entre los médicos y sus pacientes.

Si bien los grupos médicos estudiados, si hicieron actividades encuanto a mejorar la cortesía con la que se trataba a los pacientes, inversiones para “tecnificar” los registros de salud y el sistema de citas (no sé por qué, pero esto me resulta muy familiar).

Y es que si bien es cierto que se está cambiando un poco la actitud, y ya mencionamos la palabra calidad en la atención, poco o nada se está haciendo cuando hablamos del papel del médico dentro de este concepto, y Dr. Mark W. Friedberg autor principal de este estudio parece estar de acuerdo: “Es alentador que la mayoría de los grupos de médicos en Massachusetts están utilizando los sistemas de cominicación con los pacientes para hacer mejores. Aún así, estamos sorprendidos de que pocos están centrandose en el rol del médico en la mejora de la atención de los pacientes”

¿Se acuerdan de que hablabamos del “empoderamiento” del paciente ante su salud? Pues este estudio también habla de ello, y resulta que pocos grupos medicos en Massachusetts se centran en crear acciones educativas que den a los pacientes armas para el mejoramiento de su salud. ¿Les suena familiar?

Los investigadores presumen que los líderes de grupos de médicos se mostraron reacios a concentrar los esfuerzos de mejora de la calidad de miembros del personal médico por el escepticismo de los médicos sobre los resultados de la experiencia del paciente, así como una sensibilidad a la baja moral entre los médicos de atención primaria.

Estamos hablando de uno de los estados que mayor nivel tiene en lo que a Medicina se refiere en los E.U.A. sino es el que más, con universidades como Harvard y la Universidad de Boston y sus hospitales donde se destacan el Children’s Hospital, el Massachusetts General Hospital, el Brigham and Women’s Hospital, centros de donde salieron varios de los investigadores de este artículo, sede de la revista New England Journal of Medicine, etc. y vemos estos problemas.

Creo que o estaba tan errado, la calidad de la atención en los pacientes no puede estar basada únicamente en números, mucho menos si estos se maquillan para quedar bien “parado” o ganar mayor presupuesto ¿para qué?. No debe ser un consuelo ver que un sistema de saldu como el de Massachusetts también falle, sino una vergüenza a nivel gremio y de índole internacional. Ser de México, Latinoamérica o de dónde se sea, no excuda en nada una atención de calidad, tal vez no con todos los recursos, pero sí con una buena comunicación entre médico y paciente, y es en ese punto donde el estudio se centra, no estan existiendo mejoras en ese ámbito, si mejores sistemas de cita, medios electrónicos, pero nada de ello sirve si no lograms comunicarnos con nuestros pacientes y para ello no se requieren grandes cantidades de dinero, y curiosamente es una labor poco llamativa y por ende políticamente poco atractiva.

  1. Friedberg MW, SteelFisher GK, Karp M, Schneider EC. Physician Groups’ Use of Data from Patient Experience Surveys. J GEN INTERN MED [Internet]. 2010 12 [cited 2010 Dic 20];Available from: http://www.springerlink.com/content/rj6l416t55441124/

Fuente: ScienceBlog.com

1. Friedberg MW, SteelFisher GK, Karp M, Schneider EC. Physician Groups’ Use of Data from Patient Experience Surveys. J GEN INTERN MED [Internet]. 2010 12 [cited 2010 Dic 20];Available from: http://www.springerlink.com/content/rj6l416t55441124/

Smartphones al servicio de la Medicina

PUBLICIDAD

Todos sabemos que la Medicina avanza a pasos agigantados, del mismo modo que la Tecnología, de hecho muchas veces estos van de la mano. A pocos les sorprenden los avances encuanto a los nuevos sistemas de Imagenología, los sistemas de monitorización cardiaca o las nuevas técnicas quirúrgicas a través de robots, sinceramente no entiendo el como no maravillarse, pero hemos ido haciendo de esto algo cotidiano.

Por otro lado, en el mundo “común y corriente” avances como la telefonía celular, los smartphones, las computadoras y el internet son de uso diario, lo vemos como algo normal, inclusive llama la atención aquel que no tiene un celular, inclusive ya son más las líneas móviles que las fijas y al menos a mí (no tengo la evidencia), me resulta más común encontrar en la población de escasos recursos quien tenga su número célular aunque sea en pago que uno fijo en casa.

Los sistemas de cómputo tal vez sean menos frecuentes en la generalidad, recordemos que quienes interactuamos en internet, en realidad somos una minoría, aunque parezca una inmensidad, el porcentaje es muy bajo. Inclusive cuando según comScore se estima que el universo extendido de México llega a 28,5 millones de usuarios de Internet, y que según la misma fuente, nuestro país es de los que mayor crecimiento en el uso de internet en el último año, esa gran cantidad de cibernautas representan apenas el 25.3% de la población nacional según los resultados preliminares del INEGI para el Censo 2010.

Pero hablar de todo esto ¿para qué? Pues bien, la Medicina esta echando mano de estos avances “cotidianos”, no tiene caso hablar de las ventajas que le ha dado el internet a la ciencia en generar para facilitar el intercambio de conocimientos en tiempo real, en conjunto con la publicación de prestigiosas revistas en línea. Hoy la Medicina se busca tener un mejor control de las pandemias, con estudios como el de Freifeld (Harvard-MIT) y su equipo en la entrega preliminar de su trabajo, ellos apuestan por el uso de smartphones para el lograr un control epidemiológico más efectivo.

Otros por su parte buscan mejorar la adherencia en el tratamiento de enfermedades crónicas, ejemplos en la red tenemos múltiples y en diferentes enfermedades, como Diabetes, rehabilitación pulmonar, rehabilitación cardiovascular, Asma, Hipertensión, Ansiedad, Control de adicciones y VIH, e inclusive VIH en Uganda, entre muchos otros usos. En realidad existe muchísima información en la red, tomando en cuentra las revistas indexadas, de donde proceden la mayoría de los artículos aquí enlazados.

Pero debemos tener mucho cuidado, jamás debemos de pensar que el uso de la tecnología pueda sustituír la relación médico paciente, por el contrario, debe ser una visto como herramienta para mejorarla. Se corre el riesgo de despersonalizar la Medicina y con ello, lejos de mejorar la adherencia, perderemos la importancia que los pacientes le den a esta, es por ello que los galenos jamás deberán dejar de lado la consulta, la conversación con sus pacientes, en donde reine una comunicación abierta y fluída, utilizando las nuevas tecnologías como un catalizador de la misma.

El paciente. Dueño de su salud

Hoy en día la palabra empoderamiento está de moda. Campañas políticas hablan del empoderamiento de la mujer, del indígena, etc. En Medicina esto no podría ser la excepción y hablamos del empoderamiento del paciente, es decir, la capacidad que tiene el enfermo o usuario de un servicio a tomar decisiones entorno a su salud, a que se le tome en cuenta en la toma de decisiones y en algunos países donde la eutanasia está permitida, inclusive a la decisión de cuando y como morir.

Dejemos a un lado este último tema, un tanto cuanto escabroso y que por ello amerita un artículo para él solo. Hoy he querido hablar precisamente del empoderamiento del paciente en cuanto a su manejo, pero para hacerlo primero hay que empezar definiendo esa palabreja tan extraña, sino es que inexistente hasta hace unos años y que aún no aparece en el diccionario de la Real Academia Española.

El término empoderamiento surge inicialmente como un movimiento social, buscando dar mayor participación a los grupos vulnerables, pero desde sus orígenes, este ha ido cambiando y adoptando nuevas facetas y aplicaciones:

En este sentido, Friedman (1992) señala que el empoderamiento está relacionado con el acceso y control de tres tipos de poderes: a) el social, entendido como el acceso a la base de riqueza productiva; b) el político, o acceso de los individuos al proceso de toma de decisiones, sobre todo aquellas que afectan a su propio futuro; y c) el sicológico, entendido en el sentido de potencialidad y capacidad individual.

De forma similar, Rowlands (1997) señala tres dimensiones: a) la personal, como desarrollo del sentido del yo, de la confianza y la capacidad individual; b) la de las relaciones próximas, como capacidad de negociar e influir en la naturaleza de las relaciones y las decisiones, y c) la colectiva, como participación en las estructuras políticas y acción colectiva basada en la cooperación.

Fuente: Diccionaro de Acción Comunitaria y Cooperación al Desarrollo

Una vez aclarado el tema de que el empoderamiento puede tener una esfera individual, retomemos el tema central de nuestra columna.

Ya hemos platicado de que en la Medicina sin duda alguna hay quienes creen que lo saben todo, que con gran prepotencia manejan a sus pacientes, sin darles la oportunidad de hablar y que en consecuencia hacen que a los médicos se nos juzgue con esa vara, pero siendo sinceros no siempre es así y los mismos pacientes toman esa actitud para facilitarse encontrar una excusa para no responsabilizarse de su propia salud.

Soy un defensor convencido de brindar a todos los seres humanos a una atención médica de calidad, bajo el principio del derecho básico de la salud y en ello trabajo, pero a lo largo del tiempo que llevo trabajando en instituciones públicas (tomando mi formación como parte de dicha experiencia), me he ido dando cuenta de varios puntos débiles que se tienen, no solo en mi país sino en otros lados del mundo por lo que he podido comprobar gracias a internet.

En general es cierto, la calidad de los servicios públicos de salud es pobre, tanto por el alto índice de demanda que conlleva a tiempos de consulta mínimos que traducen en una despersonalización de la atención, riesgos inminentes de iatrogenias y muy probablemente la insatisfacción del paciente y del mismo galeno. Pero y el paciente ¿qué aporta?

Sí, generalmente he considerado que las instituciones deben de vigilar la calidad que se brinda para la atención del paciente, procurar la existencia de insumos para que esta sea completa, ya que en muchas ocasiones los médicos podremos poner de nuestra parte, pero a la hora de solicitar tal o cual medicamento la respuesta es que no hay en existencia o que no se cuenta con el material para realizar un determinado procedimiento. Pero en el caso de un mundo ideal en que esto no sucediera, si el paciente no colabora ¿qué resultado podemos esperar?

Es por ello, que las nuevas tendencias en la Medicina, tienden a responsabilizar al paciente del autocuidado de su salud, poniendo al médico como un intermediario o un consejero, dándole al usuario la capacidad de resolución en cuanto a su padecimiento y tratamiento se refiere. El concepto no fue obra de la casualidad, los médicos se dieron cuenta de que tal vez podrían poseer el conocimiento teórico, pero que a la hora de llevarlo a la práctica la realidad era otra, ¿la diferencia? Pues que en los estudios para valorar los efectos de una terapia determinada todo estaba muy controlado, inclusive la toma del fármaco por el sujeto de estudio, su dieta e inclusive su actividad física, en contraparte, en el mundo real el control del médico termina cuando el usuario sale por la puerta del consultorio/hospital con la receta en mano.

Así pues, la adherencia al tratamiento dependerá de la decisión del paciente y por ende de si quiere o no seguir las indicaciones de su galeno, es por ello que el empoderamiento del paciente resulta tan importante hoy en día. No es de sorprendernos entonces que un tema de boga en las revistas médicas sea precisamente el apego al tratamiento, en particular en enfermedades crónicas: Diabetes, Hipertensión, VIH, Tuberculosis, Artrititis, Psoriasis, etc.

¿La fórmula? Una buena relación médico-paciente, si el profesionista de la salud (no importa la carrera), se toma el tiempo de explicarle al enfermo su padecimiento, las opciones de tratamiento, las ventajas de cada uno de ellos así como sus efectos secundarios, etc., es factible que el paciente tomará una decisión con convicción de seguirla, en muchas ocasiones inclusive guíados por la decisión de su “orientador” y que esto conlleve el alcanzar las metas.

En resumen, como lo he insitido siempre, es necesario darle el tiempo a un paciente, no únicamente una receta para conseguir el objetivo principal, el beneficio del “usuario”, estoy seguro que en general los pacientes prefieren esperar y saber que serán bien atendidos, que ni siquiera hacer uso de la sala de espera o ser atendidos en un sistema de “cola” como en el banco, nada más parecido a una producción en serie.

No estamos preparados para ser un país viejo

“Si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”

Hoy (cuando inicio esta nota, sé cuando empiezo, no sé cuando la voy a terminar) sale publicado en el British Medical Journal (BMJ) un artículo que comenta que en el Reino Unido, la población más vieja entre los ancianos se ha duplicado, es decir aquellos mayores de 85 años, en tan solo 25 años. Este fenómeno que ocurre en Europa, ya está más que demostrado sucederá en América Latina en los años venideros. A la experiencia vivida por el viejo continente, nosotros debimos haber tomado medidas con mayor antelación, pero parece que si algo caracteríza a la población latina (se que no es bueno generalizar, así que pido disculpas) es que caemos en la procrastinación y en el tema hemos caído en general en la apatía de ver como nuestra sociedad se envejece, en parte debido a los cambios demográficos ocasionados por el control de la natalidad y por otra parte, los avances de la Medicina que ha logrado hacer que en generar la gente viva más tiempo, ¿pero en realidad vivirá mejor?

Interesante estudio nos muestra Collerton y cols en la misma revista en Diciembre del 2009, en él buscan describir las enfermedades más frecuentes en un un grupo de personas de 85 años y más arrojando un dato curioso, la autopercepción de la salud y la conservación de la funcionalidad no están forzosamente relacionadas con el estado de salud y daño. Así que fisiológicamente no forzosamente la Medicina ha logrado mejorar la salud del adulto mayor, pero aquí agrego yo mi propia perspectiva, creo que no es lo primordial en esta edad, me explico con detenimiento:

La percepción de salud en los ancianos gira en su mayoría entorno al mantenimiento de las funciones básicas e instrumentadas que les permiten mantenerse autónomos, por otro lado a la capacidad económica para disfrutar de su autonomía, que la jubilación sea verdaderamente un “júbilo” y no una catástrofe y también el hecho de estar integrados a la sociedad, estoy seguro que si valoraran en Newcastle a quienes viven integrados a la sociedad y los compararan personas solitarias habría una diferencia en dicha percepción, todo basado en algo que en el anciano varía en su sintomatología, la depresión. En los países latinos aun perdura el sentido de la familia, así que es muy probable que juegue un papel importante para la auto-valoración de la calidad de vida, el hecho de continuar en contacto con los hijos, los nietos, etc., aunque se viva en un asilo, obvio habrá que evaluar también las condiciones del mismo.

Así pues, son muchos los factores que intervienen en el término “calidad de vida”, no solo la ausencia de enfermedad física, de hecho lo que el estudio de Collerton y cols pareciera demostrar es que al final de cuentas, la enfermedad es lo que menos merma la autopercepción de bienestar en el anciano. Entonces, ¿qué estamos haciendo en México para trabajar en mejorar dichas cirucunstancias?

Aquí está el problema y es que existen pocos proyectos para el envejecimiento de nuestro país, ya las grandes instituciones de salud y asitencia social se han encontrado con problemas ante el aumento “repentino” de pensionados, pero aún no veo que ningún candidato, ya sea a gobiernos municipales, estatales o nacionales genere verdaderos programas para el anciano. Muchos recordarán tal vez a cierto personaje político que se preocupaba por los viejitos del Distrito Federal, evitaré su nombre, pues no quiero caer en un hecho meramente político, mi crítica gira más bien en torno a que dar una “pensión” por así llamarla, sin preocuparse del problema de fondo, más pareciera una herramienta política (aprovechando que bien saben que la población de más de 60 años se incrementa en nuestro país a pasos agigantados), que un hecho guíado en búsqueda de una solución.

Siempre he creído y lo sostengo, que países como España, tienen un sistema de salud y seguridad social mejor planeado para el adulto mayor, tal vez con defectos y huecos importantes y que a la distancia nos resulta más difícil identificar, pero que definitivamente está funcionando mucho mejor que lo que tenemos en nuestro país y en la mayoría de América Latina.

¿Qué nos hace falta? Pues bien, no hay una buena planificación, al menos no en acción de que hacer con los ancianos en diversos casos, cito ejemplos al azar.

Los hospitales cada vez se llenan más de adultos mayores, quienes generalmente requerirán más tiempo de hospitalización, situación que hace que el sobrecupo hospitalario empiece a ser un problema, en particular en los hospitales públicos y de las insituciones se seguridad social, ahí un primer detalle, no se ha planificado en los hospitales el incremento de camas o al menos de áreas específicas para el paciente viejo (a mí parecer no encuentro despectivo este término, todo depende de como se diga). Estos ancianos hosptializados tienen a complicarse aún más estando institucionalizdos, ¿por qué motivo? En general el personal, tanto médico, como de enfermería, auxiliares, cocina e incluso intendencia, no están capacitados para tratar con ellos, fácilmente se sucitan casos de úlceras de presión secundario a que no se moviliza al paciente con la frecuencia necesaria, al roce de las sábanas cuandose cambia la ropa de cama, etc. No se contempla el hecho de que si bien un paciente joven puede desorientarse estando hospitalizado, un adulto mayor fácilmente puede caer en síndrome confusional e inclusive delirum con unas cuantas horas de hospitalización. Los médicos, inclusive los internistas (a quienes la carga de trabajo por el cambio demográfico los ha obligado a ver más ancianos), se ovlidan del cálculo adecuado de líquidos, además de practicar una medicina sumamente invasiva en los pacientes y debemos recordar que cuanto más se “amarre” a un paciente a sondas, catéteres e inclusive sugeciones “gentiles” a las camas, mayor será el grado de desorientación que sufrirá. Una de las opciones que existirían para disminuir el riesgo a estos problemas sería contar con salas de día en los nosocomios, pero ni si quiera los que actualmente se están construyendo cuentan con estos espacios, al menos no en su inmensa mayoría. Podría continuar, pero no es el objetivo, estos son solo algunos ejemplos de lo que a nivel hospitalario hace falta.

Pero, ¿qué hay con la vida fuera de los hospitales? En México, al menos, contamos con muy pocos asilos y de ellos, en general, las condiciones son deprimentes, a ello hay que agregar que son todavía más extraños aquellos asilos en dónde uno pueda llevar pacientes con demencias o con alguna necesidad especial de atención. Los costos de los asilos privados son muy elevados, lo mismo que el de las cuidadoras a domicilio. En Europa existen programas de servicio social donde el gobierno provee a los ancianos de gente que se encargará de cuidarlos, en algunos casos las 24 horas, en otros solo como personas de compañía que les ayudarán en algunas tareas de la casa, la cocina o el baño, pero que les respetan su individualidad, ¿no sería mejor esto que $820.00 al mes?  Hay en algunos municipios (entre ellos en el que vivo) que cuentan con centros gerontológicos en donde acuden los pacientes con mayores capacidades funcionales a convivir y realizar actividades recreativas; es cierto, existen pero en número mucho menores a los que se requieren, el sobrecupo es inminente y es triste pero cierto, las listas de espera están como aves de rapiña, no creo que necesite explicar más.

Acciones que incentiven a los ancianos, que los hagan sentir útiles, incluidos en su sociedad, grupos de consejería por ejemplo o que los adultos mayores participen en obras benéficas para otros miembros de la sociedad, recibiendo a su vez de este modo un benefício, la sensación de importancia y la actividad, que como bien dice el estudio mencionado previemante, son fundamentales para el bien-estar del paciente.

En ocasiones como médicos, tristemente, olvidamos que la definción de salud no se limita al bienestar físico, sino también al psicológico y al social, concentrándonos en la curación de enfermedades y no en la reinserción de los pacientes a su entorno, a la readaptación y recuperación de la funcionalidad e independencia.

Por otro lado, no hay normas o leyes que regulen en sentido extricto las responsabilidades de la familia para con los adultos mayores. Esto puede ser un verdadero conflicto ético, ya que en ocasiones no podemos borrar el pasado, es decir, ¿cómo obligar a un hijo u otro familiar a que se haga responsable de su viejo, si este en el pasado no lo hizo o inclusive le “fastidio la vida”? Creo que esto resultaría legalmente imposible o sino, por lo menos, muy complicado.

Pero también es lamentable el fenómeno bien conocido en los hospitales públicos, en que cercanos a los puentes o fechas clave como Navidad, vacaciones de Semana Santa, Fiestas Patrias, etc., los servicios de urgencias se llenan de ancianos, quienes son llevados por sus hijos por dolencias, tal vez exitentes, tal vez ficticias, para ser abandonados en dicho lugar, hasta que pasa el asueto y vuelven por ellos. Una forma de solucionarlo sería implentar las casas de descanso del cuidador, tal y como existen en países europeos, donde en algunas auspiciadas por los gobiernos (cierto número de días al año y en fechas programadas), en otras por una cuota especial (variando de institución a institución) el familiar o cuidador, lleva al paciente, lo deja por un período para que ellos puedan irse de vacaciones o simplemente en sus casas, pero pasar por un tiempo de “desintoxicación”. ¿Qué sucede? En Aguascalientes, donde resido hay un centro cuya función inicial empezó a ser ese, pero acabó convirtiendose en una especie de asilo, centro de hospitalización y un lugar donde los ancianos eran olvidados por sus familiares, en ocasiones el mismo gobierno la utilizado para internar ancianos en condiciones especiales (recuerdo una maestra viejita que estaba ahí para “protección” en contra de sus hijos quienes vivían un pleito legal ¡por la herencia!).

En fin, creo que América Latina y al menos puedo asegurar en México, aún falta mucho por hacer en materia del envejecimiento, un tema que sin duda alguna debería ocupar la agenda de los políticos, junto con la educación, la ciencia y la salud. Créanme, creo que todas van de la mano, más adelánte les desarrollaré mi teoría, pero mientras esto no suceda y las prioridades sean el enriquecimiento personal y el beneficio de unos cuantos, seguiremos teniendo grandes deficiencias en los programas que implican un impacto directo a la economía y desarrollo del país, sí, aunque no lo crean los ancianos influyen y lo harán aún más, en el PIB de un país.

El lavado de manos… y no el de Pilatos.

Hace unos días en el blog Genciencia, encontraba publicado un artículo que atrajo mi atención (como varios que ahí se publican y de lo que ya hablé en la borla del ombligo), el artículo se titula ¿Por que los médicos no se lavan lo suficiente las manos? y se encuentra dividida en dos entregas.

Pues bien, esta publicación surgió a partir de un estudio realizado en el Cedars-Sinaí de Los Ángeles, California, en donde se encontró que entre otras cosas que llevan al médico a cometer esta falta grave (no podemos restarle importancia) de cuidado, poniendo en riesgo no solo al paciente, sino también al resto del personal de salud y a él mismo, puede estar ocasionada por diversos factores, como son, en primer lugar el ego del mismo galeno, en donde por arrogancia piensa que él no es un foco de contaminación, olvidando con ello los trabajos de diversos infectólogos, epidemiólogos, etc. posterior a los descubrimientos de Semmelweis; inclusive puedo señalar que en ocasiones es apatía, falta de interés y de consciencia del médico.

Pero hay factores interesantes que se logran de esta publicación, se encontraron puntos que son atribuíbles a las instituciones y no lo hago con un afán de crítica destructiva, sino para crear consciencia, muchas veces los hospitales, clínicas y centros de salud no cuentan con un lavabo accesible para al área de exploración, ya ni que decir de lugares “adaptados” como consultorio, tal es el caso de muchas casas en la práctica privada. En otros casos, el lavabo existe, pero no hay los insumos para hacer uso de él, falta el jabón, el papel secante o en otros casos las llaves no funcionan, los sistemas de apertura del agua son incorrectos (forzan al personal a contaminarse nuevamente al cerrar); sino es que es, como en muchas ocasiones sucede, la suma de todos estos factores: lavabo inaccesible, en mal estado, inapropiado y sin insumos.

Otro hallazgo importante fue demostrar que cantidad no es igual a calidad. Hacía un análisis en la segunda parte del artículo, cuando contestaba algunos comentarios de los lectores, el forzar a que el médico vea un promedio de 40 pacientes en 8 horas (cuando bien va), recae en que por cada paciente se tengan 12 minutos, de los cuales si utilizamos la técnica apropiada de limpieza de manos, le restemos a la consulta al menos 5 minutos, menos el tiempo que el paciente tarde en llegar de la sala de espera al consultorio (un adulto mayor o una persona con discapacidad tardarán más), el saludo (ya por muchos obviado), el  tiempo del interrogatorio, la exploración, realizar la nota y expedir la receta ¿en 12 minutos? Por eso muchas veces el médico obvia el paso fundamental de la higiene lo que resulta sumamente paradójico ¿no lo creen?

La Medicina Basada en el Trato Humano

Ciència i Caritat. Pablo Picasso. Barcelona 1897

Fue gracias a @pastanaga que conocí al doctor Carlos Matabuena, mejor conocido en Twitter como @CarlosMatabuena, inicialmente lo empecé a seguir por ser médico, porque además decía amar la tecnología, así que empezaba a sentirme identificado con él, pero de pronto me dí cuenta que compartíamos algo más, ambos buscámos en la Medicina el lado más humano, disfrutamos con la relación médico-paciente de forma más cercana. Me doy cuenta a través de su blog carlosmatabuena.com que busca eso, precisamente una Medicina más cercana al paciente, lleva tiempo sin actualizarse ese espacio (seguro como yo, quisieramos escribir a diario pero de pronto hay cosas que nos impiden hacerlo), pero es posible seguir sus comentarios en Twitter o en algunas otras publicaciones y en verdad, darme cuenta que la Medicina “humana” no ha perdido adeptos a lo largo del mundo, me hace tener esperanzas en este punto en el que siento se ha tecnificado demasiado la atención de los pacientes.

Ya comentaba antes, que el término usuario, para referirse a quien acude a un centro de salud, ya sea una clínica comuninataria o un hospital de alta especialidad, en lugar de paciente, me causa algo de escozor, es verdad también que el término de paciente resulta algo contradictorio, entiendo que surge de aquél que espera “paciente” la cura de su padecimiento, pero también es cierto que por más que queramos no siempre gozan, por razones obvias y comprensibles, de dicha virtud o característica, pero el llamarles usuarios, siento que convierte a la Medicina únicamente en un servicio y pierde todo el contexto humanitario, casi apostólico que tiene. Un riesgo, cierto es, de que se vea tan caritativo, es que la gente pocas veces comprende que los médicos también somos seres humanos, que tenemos necesidades, que comemos, tenemos familias que atender y mantener, nos cansamos, nos enfermamos, etc. pero al menos yo y sé que mi padre y otros como Carlos Matabuena, todavía guardamos ese sentimiento cuasi mágico del médico cercano al enfermo.

Al menos para mí, es sumamente gratificante sentir el aprecio de la gente, el abrazo que te da un paciente al salir del consultorio, a pesar de que tal vez no le diste la mejor de las noticias, el que te digan que eres un ángel (creas o no en ellos), el que te colmen de bendiciones (seas o no agnóstico), en fin, esos pequeños detalles, suplen muchas veces lo mal remunerado de la carrera, al menos en mi país a nivel institucional, pero veo con tristeza que muchos de mis compañeros no lo creen o no lo sienten así y muchísimo menos los burócratas encargados de las áreas de planeación en salud, en dónde buscan reducir los tiempos de consulta, con la finalidad de obtener mayor productividad como si esto hablara de mayor calidad en la atención, como ya decía en mi artículo previo, eso definitivamente no es un parámetro. (Aclaro que en este caso hablo en particular de otras instituciones y no en la que laboro, aunque sí entran en quienes piensan que a más pacientes mejor servicio).

Hablar de que el médico ve enfermos, también resulta algo complicado, pues solemos pensar que el galeno únicamente cura enfermedades, no alcanzamos muchas veces, inclusive los mismos galenos a concebir la función de prevenir, la de rehabilitar y mucho menos la de acompañar, esta última que a mí tanto me ha gustado y creo que de ahí mi gusto por las enfermedades crónicas y los pacientes ancianos. Resulta que cuando uno acompaña a su paciente, recibe más de lo que puede dar, es el paciente quien le enseña al médico y no el galeno quien atiende al enfermo.

Veo a veces con nostalgia, películas del pasado en el que el médico era visto como una persona importante en el pueblo, no porque quiera el reconocimiento, los aplausos o la admiración, sino porque en aquél entonces el médico realmente era cercano a su gente, hoy en día, lo que oímos de los doctores son quejas sobre sus costos, sobre lo mal qu los atendieron, etc. Muchas veces creo que injustificadamente, pues como menciono, también merecemos cobrar, ganar por nuestro trabajo, por el esfuerzo que realizamos día a día por mantenernos actualizados (ya hablaré en otra ocasión de esta otra parte que me fascina) y porque al igual que el paciente, somos seres humanos. Pero estoy seguro que si el médico no hubiera perdido y hablo en forma general, el sentido humanitario de la Medicina, si dejase de ver a la persona que tiene en frente como una enfermedad o un órgano y se diera tiempo de adentrarse en sus sentimientos y pensamientos, no solo sería mejor profesionista, sino que más fácilmente podría inclusive cobrar por ello y el paciente gustoso lo pagaría, como quien paga dinerales por un servicio más vanal que la salud misma.

Soy amante confeso de la tecnología, de los avances de la ciencia y de la computación, pero a veces no me gusta ver que los doctores ya solo ven a sus pacientes a través de un tomógrafo, saben de él por lo que leen en la computadora y si les preguntas por el color de sus ojos, a veces ni el oftalmólogo mismo puede decírtelo. Creo que la tecnología y las herramientas que nos brinda, debemos tomarlas como eso, como herramientas, me gusta el hecho del expediente electrónico y espero con ansias que en México se de ese paso que lleva detenido tanto tiempo por los legisladores para que se acepte como un medio de resguardo de la información y dejemos de tener que depender de computadoras y papel al mismo tiempo (para quienes no me entiendan, en mi país aunque ya se tiene el expediente electrónico, hay que imprimir todo, puesto que no es aún legalmente reconocido como un medio de resguardo de la información), pero le veo una dificultad, un pero, como todo en esta vida, el paciente siente en ocasiones lejano a su médico porque ve más el monitor de su computadora que su cara, he buscado formas, que creo han solucionado esta situación en mi consulta, pero porque en parte, afortunadamente, sigo gozando de “tiempo” para atenderlos, así que si les dedico un rato y luego volteo al monitor, no se sienten excluidos, además de que siempre les recalco la importancia de anotarlo todo.

En fin, parte de este espacio, como se habrá visto, será destinado a defender lo que para mí es vital en la Medicina, el trato humanista, que más allá del científico que llevo en mí, que exige pruebas de todo, que ama la Medicina Basada en la Evidencia, que reclama por estudios metodológicamente bien planteados, estoy convencido de que si el galeno a la hora de estar frente a su paciente, no logra ser humano y estar al nivel del enfermo, de nada sirve ninguna publicación, ninguna guía internacional o el método diagnóstico con mayor especifidad y sensibilidad demostrados.

Hablaré también de la Medicina Basada en la Evidencia, puntos que en el pasado de la Medtropoli.net eran muy importantes y dónde el doctor Rafael Bravo (@rafabravo) a sido un ejemplo desde que empecé con este proyecto, interrumpido muchas veces en 1999.

Positivismo en el Humanismo

Querer imponer un método científico y riguroso a todo, es decir caer en la tendencia positivista, suele ser un error de los médicos, matemáticos, etc. En general todo aquel que hace Ciencia, aunque en realidad aquí empieza a crearme ámpula el hecho de que lo humanístico, no sea Ciencia, yo creo que sí lo es, pero bueno, hablemos pues de el hecho de tener que seguir un paso determinado, al que conocemos como método, para alcanzar un fin, que generalmente debe de poder ser medible y demostrable.

Es curioso para mí ver, que algo que es realmente cualitativo, como es la calidad de la atención, no solo en la Medicina, sino en cualquier servicio en donde existe una interacción entre el prestador de un servicio y el usuario del mismo, querámos medirlo en forma cuantitativa, asignándole un número a nuestro “grado de satisfacción”, como si esto pudiese representar algo, comentaba con gente de dedicada a realizar encuestas, me comentaban que lo único que significa es que tú comparas con un determinado número por ejemplo del 0 al 10 tu agrado, alegría, enojo, etc. y es nuevamente bajo tu perspectiva que escoges un número, muy diferente a la forma de verlo de otro, pero si ambos toman por ejemplo el 7, serán catalogádos dentro del mismo grupo, al final de cuentas si yo llegó y te digo, estoy 7 ¿significa algo para tí?

Actualmente, en la maestría estoy viendo precisamente diseño cuestionarios que nos ofrezcan la posibilidad de transformar lo cualitativo a cuantitativo ¿pero realmente podemos volver un número nuestras opiniones y sentimientos? ¿Un paciente puede decir cuan contento se encuentra por la atención recibida de su médico? ¿Es más importante el tiempo que el paciente espera en la sala de espera o la calidez o frialdad con que su médico lo atiende? ¿Un número puede calificar realmente la efectividad de un tratamiento determinado o la agudeza de un galeno para llegar al diagnóstico?

La verdad es que más allá de mi espíritu científico, en donde el positivismo reina y las matemáticas gobiernan a través de la estadística y todo busca ser demostrable, creo que la calidad de la atención, ya sea en un consultorio médico, un hospital o en el supermercado, no puede ser medido con escalas numéricas, no hay un sistema que pueda expresar lo que yo siento que no sean las palabras, aunque soy consciente de que eso hace más difícil a cualquiera que quiera ejercer su labor dentro del área de Calidad de medir la satisfacción de toda una población, ello me justifica el uso de las encuestas y las variables numéricas, pero me aleja de la cercanía de lo que desde siempre he comprendido como la relación médico-paciente.

Últimamente en mi cuenta de Twitter, he comentado infinidad de veces que no me agrada el hecho de que se mida la calidad de la atención que se brinda, en función de la “productividad” obtenida, inclusive en cuanto al tiempo que un paciente se encuentra esperando en la sala de espera, ello no habla para nada de cómo se siente en mi consultorio, si para él o ella resulta un martírio esperar 10 minutos de más o como lo he visto en muchos de los “usuarios” (hablaré después de estos términos) de la unidad donde trabajo, no les pesa esperar ese tiempo, porque saben perfectamente que será retribuído en su atención, puesto que si un día necesitan más tiempo para que les explique y aclare todas sus dudas podrán tenerlo y no serán corridos del consultorio con un hasta dentro de un mes, frío y sin más, y eso si es que acaso les dirigen la palabra, porque ya está el otro paciente entrando al consultorio.

En fin, no hay encuestas que lo valoren, pero creo que más vale la palmada en la espalda del paciente cuando se retira, la sonrisa afectuosa cuando llega, el trato cálido y amable cuando entra al consultorio y que de pronto vean que el médico está tan interesado por ellos que hasta se acuerda del nombre de alguno de sus nietos o que se iban a ir a la playa después de haber ahorrado toda la vida y les pregunte por ello. Lo siento, voy encontra de mi propia mentalidad positivista en donde pido demostración de muchas cosas y sigo un método para casi todo lo que hago y me gusta sí, pero curiosamente si aquello me apasiona, me llena más y realmente cumple con mi vocación el hecho de poder ayudar y ser apreciado por mis pacientes y ello no se mide en grados de confiaza de una prueba ni lo encuentro en las tablas de Z, no hay rho de Spearman que lo mida, ni nada por el estilo, simplemente es valorable con el abrazo, el beso, o simplemente el cariño que tus pacientes te puedan demostrar.