Home » Archive by category "Bioética"

Feria, religión, sexo y madres niñas…

PUBLICIDAD
Madres adolescentes

Sin educación sexual el incremento de madres adolescentes será una constante (Imagen: fotos.starmedia.com)

Publicado previamente en La Jornada Aguascalientes

Queda un día para que se termine la Feria y con ella terminan las 3 semanas de liberación y comienzan los 11 meses 1 semana de gazmoñería. Como ciudadanía actuamos con una doble cara moral y en lo moral no forzosamente entra lo religioso como muchas veces confundimos.

Pero, ¿qué me lleva a hablar de esta “doble vida”? Pues porque según los datos brindados por el servicio de Gineco-Obstetricia del IMSS en Aguascalientes, el año pasado se presentaron varios embarazos de adolescentes de 13 años de edad.

Lejos de lo que podríamos pensar, en una época en que se goza de gran cantidad de información y los avances de la ciencia permitirían que nuestros niños y adolescentes conocieran todo lo necesario sobre el sexo, paradójicamente en esta década se han incrementado los embarazos a temprana edad a tal grado que una de cada cuatro embarazadas en el estado tiene menos de 19 años de edad.

De cien mujeres que consultan por primera vez el servicio de Gineco-Obstetricia del IMSS cuatro  tienen menos de 14 años y el 2% de los partos atendidos en dicha institución es en adolescentes de 13 años, siendo considerados embarazos de alto riesgo por las altas probabilidades de fallecer tanto de la madre como del bebé.

La Coordinación de Trabajo Social de dicha institución considera que el problema radica en la escasa o nula orientación sexual que se les da a los adolescentes desde su hogar, la desinformación proveniente del Internet y que se distorsiona la realidad sobre el tema.

Esto no es todo, si hacemos un recuento, también el año pasado se reportaba que el estado ocupaba el cuarto lugar nacional en madres solteras adolescentes, pues como imaginarán muchas de estas chicas no están casadas cuando se embarazan. La solución no está en casarlas, sino que se trata de un serio problema de educación,  donde si bien resalta muchos de los casos las pacientes pertenecen a zonas socioeconómicas desfavorecidas, la presencia de embarazos no deseados también es alta dentro de las familias acomodadas, todo originado por una serie de tapujos.

Usted puede practicar la religión que desee y llevar su moral apegada a ella, pero hay realidades que sobrepasan lo moral requiriendo de un análisis ético y en ningún momento debemos evitar el tema de la educación sexual en los niños y adolescentes, tristemente eso sucede en nuestra sociedad.

Aquí retomo mi agreste comienzo hablando de la Feria, durante once meses las tiendas dejan de vender bebidas embriagantes a las 22:00 hrs, las muchachas visten más retacado y está mal visto (aunque no es un fenómeno raro) que los chicos lleguen a sus casas a altas horas de la noche bajo los influjos del alcohol, de hecho los “antros” cierran relativamente temprano en relación a otros estados de la república, ¿es esto algo que solucione el problema? En realidad no, Aguascalientes sigue siendo uno de los estados con mayor prevalencia de alcoholismo, de madres solteras, de embarazos en adolescentes y todo porque le sacamos la vuelta a tocar el tema con nuestros hijos y alumnos.

No es posible que un profesor de universidad reciba una llamada de un padre de familia en horario extraescolar para asegurarse que sea verdad que a su hija se le dejó un trabajo en equipo y que deberá trabajar por la noche en casa de uno de sus compañeros. La muchacha es una de las alumnas más responsables de su grupo, con reputación intachable, hasta que su padre toma el teléfono, dejando mucho a la imaginación del profesorado.

Este padre, lejos de cuidar la reputación de su hija podría terminar manchándola. Además, no la está protegiendo de nada, el mayor índice de relaciones sexuales entre jóvenes es sin lugar a dudas en plena luz del día, mientras se supone están en la escuela y aprovechando que los padres están en el trabajo, no por la noche cuando sus padres tienen los ojos puestos sobre ellos. Lo mismo sucede en la Feria, tras una gran represión el joven mal informado no sabe que hacer con tanta “libertad”

Para evitar tener que llamar a los profesores o mantener a un nieto producto de una “travesura” de nuestra hija adolescente debemos tomar el toro por los cuernos y hablar del tema, la sexualidad ya no debería ser un tabú y lo sigue siendo.

Hay que recordar que el estado es laico, aunque quieran hacerlo parecer de otro modo y debemos fundamentar nuestras leyes en la ética y no en la moral religiosa. Con ello recuerdo las palabras de René Favaloro, médico cardiocirujano argentino, famoso por haber realizado el primer bypass en el mundo cuando se le preguntó sobre el aborto en 1997:

“…Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en sanatorios hacen fortunas sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas.

Con el divorcio decían que era el fin de la familia y solo fue el fin de la vergüenza de los separados ilegales. Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar.

…El aborto es un acto criminal, sin lugar a dudas. Pero también estoy en contra de la hipocresía. La hipocresía es esa nenita de clase media a quien cuando se embaraza, su papito la lleva al médico y esa misma noche esa nenita ya esta bailando en un boliche de nuevo.

No hay que tenerle miedo a la educación sexual y a hablar de sexo con los chicos. Es muy necesario e importante. 

Hay que hablar de frente sobre ese tema para que el embarazo no deseado no sea una sorpresa (El subrayado es mío).

¡Milagro! ¡Milagro! ¡Se acabaron los “milagros”!

PUBLICIDAD

Malunggay uno de los productos retirados por la COFEPRIS

Artículo previamente publicado en La Jornada Aguascalientes

 

Gracias a mi amigo José Arturo Enríquez, catedrático de la Universidad Autónoma de Zacatecas me llega la noticia de que la Comisión Federal para la Prevención de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) ha retirado del mercado 13,572 productos “milagro”.

Llevo ya mucho tiempo escribiendo en torno a ello, estos productos ponen en riesgo la salud de la población, no solo por los daños que pueden ocasionar per se, sino también porque invitan a que la gente abandone los tratamientos recomendados por los médicos y los cuales se encuentran científicamente estudiados.

Vámonos por partes…

Para que un medicamento científicamente producido salga a la venta debe pasar cuatro fases de investigación, lo cual implica al menos 10 años desde su “descubrimiento” o “diseño”, hasta que salga a la venta. Estos procesos buscan demostrar en primer lugar, que hacen aquello para lo que se ha planeado, y que de lograr un beneficio no es mayor que aquel que producirá la sugestión, es decir se comprueba que el efecto obtenido no sea equiparable al de un placebo (sustancia innocua, “pastillas de azúcar”).

Por otro lado y no menos importante, corroborar que no producirán ningún tipo de daño en aquellos que lo consumen. Si bien todo medicamento es susceptible a causar efectos inesperado en las personas, debemos estar seguros que estos no serán graves a tal grado que las complicaciones superen los beneficios. Además conocer cuales son las complicaciones más frecuentes nos ayudará a identificarlos más rápidamente y saber como solucionarlos.

¿Esto sucede con los denominados productos “milagro”? Claro que no, en ocasiones aprovechan la creencias procuro de la idiosincrasia o tradiciones, muchas otras veces se lo inventan, ni siquiera se preocupan por que lo que digan suene lógico, le dan una bonita presentación, pagan tiempo aire en la televisión o peor aún, ni siquiera hacen ello, aprovechan el poder del Internet y del boca a boca para empezar a vender sin preocuparse si las pastillas, gotas o cremas que “inventaron” tienen algún efecto perjudicial en la población. Ya saben que no producirán ningún beneficio en la gente, pero sí en sus billeteras.

Siempre me ha resultado increíble que por lo general se cuestiona mucho al médico y los efectos de los fármacos que prescribe, lo cual no está mal ya que un paciente bien informado será sin duda un paciente bien controlado; lo asombroso radica en el hecho de que no ocurre el mismo fenómeno con los productos milagro, en los que la gente cree ciegamente, sin ningún tipo de juicio razonal, todo porque se los recomendó el vecino, la comadre, la toma el amigo de un amigo y dice que le “cayó muy bien” o simplemente porque sale en la televisión, como si esto fuese un punto de garantía.

Otro lema engañabobos es aquel en que se justifican las “bondades” de estos productos milagrosos en su origen 100% natural, como si esto fuese garantía de que no va a pasar nada con el organismo. Cuando mis pacientes me argumentan esto para tomar alguno de ellos yo les pregunto si tomarían arsénico ya que basados en su postura debería de ser bueno solo por ser obtenido en su totalidad de la naturaleza.

¿De quién más sospechar? Dude de aquel que le promete ser la panacea, el medicamento que lo cura todo, de existir, ¿cree usted que no habría ya alguien explotándolo? Obviamente tras demostrar científicamente que no se trata de un producto mágico sino de la cura real de todos los problemas.

Pero estos sujetos por lo general reculan argumentando un complot de la “maléfica” industria farmacéutica, que enreda a los gobiernos para apoderarse del mundo, haciendo que héroes anónimos que conocen la poción que todo lo cura no puedan ver la luz.

Ellos por mera serendipia se dieron cuenta que con agua, si ese vital líquido que ya todos tomamos podemos curar hasta el VIH, o que los pacientes con cáncer mejorarán súbitamente. Tristemente los pacientes víctimas de la angustia caen en sus enredos, alejándose muy probablemente de aquellos tratamientos que de un modo u otro han demostrado ser útiles, o en caso de padecimientos incurables, ser paliativos ante las complicaciones que se presentan.

Es por ello que celebro que al fin la COFEPRIS empiece a tomar cartas en el asunto, retirando medicamentos que son anunciados en la televisión como la gallina de los huevos de oro. Esperemos que pronto voltee a ver a aquellas agüitas milagrosas que favorecen la inexistente fotosíntesis humana y que en su mayoría son anunciadas en Internet y programas religiosos alejados de todo razonamiento, pero ese es otro tema…

Células madre: promesas, tabúes y fraudes

PUBLICIDAD

Células madre en mórula. (Imagen: www.abciencia.com.ar)

Artículo publicado previamente en La Jornada Aguascalientes  

Un tema recurrente en mi consulta diaria es la utilidad de los tratamientos con células madre y es que es un tema tan de boga debido a los debates éticos, legales y religiosos que giran en torno a este tema que la gente mucha gente por ignorancia e idiosincrasia, los rechaza generalmente guiados por lo que les dijeron terceras personas, ya sea el sacerdote o la vecina, incluso por un juicio preformado sin sustento alguno. Pero a su vez caen en los juegos de cientos por no decir miles de charlatanes que ofrecen tratamientos maravilla que todo lo curan en base a células madre.

¿Contradictorio? Así somos para esto y para mucho más. Pero enfoquémonos en los tratamientos con células madre.

Desde el punto de vista científico y médico, es uno de los avances más grandes que se han tenido para lo que promete ser el tratamiento e inclusive cura de muchas enfermedades que hasta ahorita se consideran incurables, como la diabetes mellitus, la enfermedad de Parkinson y la sección medular entre muchas otras. Existen cientos de protocolos de estudio que buscan encontrar las utilidad de esta terapia apegados a los más estrictos criterios científicos.

¿Qué son las células madre?

Antes que nada es una célula que tiene la capacidad de multiplicarse por mitosis, lo que permite a los científicos tener cientos o miles de células a partir de una sola. La otra característica importante de las células madre es su capacidad de diferenciación o especialización, es decir, tomar las características de una célula en especial, por ejemplo una misma célula tendrá la capacidad de convertirse en una célula cardiaca, una neurona o una célula hepática.

En resumen existen cuatro tipos de células madre, totipotenciales, pluripotenciales, multipotenciales y unipotenciales. La clasificación se basa en las posibilidades de la célula de diferenciarse en todo un organismo hasta en un único tipo de célula dependiendo del lugar donde es obtenida.

En adultos es posible encontrar células madre multipotenciales, es decir que serán capaces de generar diferentes tipos de células procedentes de su mismo linaje celular, por ejemplo una obtenida de la médula ósea puede dar origen a células musculares, adipositos o del hueso entre otras. Ahora bien, para con mayor potencialidad es necesario por lo general obtenerlo del embrión, existen técnicas experimentales para obtenerlas sin que ello implique la destrucción del embrión, lo que derribaría la oposición de aquellos que se oponen al uso de células madre por su convicción antiabortista.

Ya sabiendo de lo que hablamos, las hipótesis lanzadas por los científicos se basan en regenerar tejidos utilizando para ello la potencialidad de las células madre, sustituyendo así por ejemplo, el tejido muerto en el miocardio por tejido sano de corazón tras haber sufrido un infarto.

Es importante mencionar que casi (recalco casi) todos los tratamientos están en fase experimental, ya esa en nuestro país o en el resto del mundo, por lo que en casi todos los países aún no es aceptado como un tratamiento y el paciente debe firmar un consentimiento informado donde acepta ser parte de un protocolo de estudio. Debo señalar esto ya que en Estados Unidos han detectado un fenómeno al que han tenido a bien denominar “turismo de células madre”. Por ello se entiende a todos aquellos que viajan a otros países en búsqueda del ansiado tratamiento aún no autorizado o incluso prohibido en el suyo.

Los motivos por los cuales se pueden prohibir ciertas terapias son por ejemplo no haber demostrado un efecto positivo, representar un mayor riesgo que beneficio o inclusive resultar riesgoso. Para ejemplo el miércoles pasado en la sección de ciencia de La Jornada nos hablaban de una persona que había fallecido en China tras haber sido sometido a un tratamiento con células madre.
Pero no es ni será el único caso, tristemente nuestro país parece estar dentro de uno de los destinos de los turistas de células madre y es que cualquiera puede ofrecer aplicarlos de una u otra manera. Tenemos por ejemplo aquellos que ofrecen cremas con células madre como el Teatrical o el Celunuvel. En el primer caso si vemos la etiqueta dice que ofrece células madre de…. ¡manzana! ¿Será para tener cutis como la piel de la fruta?

En realidad es que resulta demasiado costoso “producir” líneas de células madre, secuencias de ácidos nucleicos, etc. Por eso resulta tan asombroso el costo a los que ofrecen varias de estas terapias maravillas y no nos debe caber la menor duda de que se trata de una tomadura de pelo.

Pero, ¿qué hay de aquellos que se disfrazan de ciencia? Si bien los anteriores hablan de “años de investigación” existen otros charlatanes que disfrazan sus fraudes de un toque aún más médico, por lo general incluso copian algunos de los protocolos que se tienen a nivel mundial y los replican pero sin ningún tipo de control, aparentemente algo de lo que pasó en China.

Otros ofrecen implantar órganos de embriones de animales, por ejemplo hipófisis de fémur de embrión de cerdo o timo de oveja negra, ya sea al natural o liofilizado para aplicarlo inyectado, sin que esto realmente esté estudiado bajo ninguna supervisión científica o que algún comité bioético lo hubiese aprobado y es que no lo harían ya que no cuenta con ningún sustento para su “hipótesis” si es que en realidad existe.

Así pues amigo lector, tengamos cuidado de en manos de quién nos ofrece un tratamiento, sobre todo cuando ofrece curar muchas cosas, niegan cualquier efecto secundario o que nos resulte realmente asombroso el costo con respecto a otros en el mercado (si es que existen).

El tratamiento con células madre, científicamente avalado, representa como lo mencionaba al principio, una gran esperanza para la comunidad científica, sobre todo por los beneficios que parece ofrecer a la población en general, pero tristemente con la bonanza vienen los charlatanes que intentarán obtener su tajada a base de fraudes disfrazados de ciencia, tenga cuidado cuando decida a quien le entrega su confianza, y le encarga su salud y su vida.

Milagros baratos que salen caros

Versión extendida del artículo publicado en Ultra Noticias

Practicar la Medicina cada vez es más fácil… o así lo hacen ver los medicamentos “milagro”.

Cada vez que prendo la televisión, que cada vez es menos, me duele la cabeza de tan solo ver como inventan cosas maravillosas, que curan todos los males y me pregunto, si eso es cierto ¿por qué aún hay gente que se enferma? Claro, más de un defensor de esta charlatanería me dirá que es porque la industria farmacéutica, los gobiernos, los médicos o todos coludidos, colaboramos para que estos productos no salgan a la luz, pues son la panacea y llevarían a la bancarrota a todos.

Pues déjenme decirles que estoy de acuerdo en un punto, aquí hay un negocio, pero es de aquellos que no solo sí salen a la luz, sino también salen en la televisión, cada vez con más horarios, en canales abiertos y de paga, tienen más cobertura que la boda del príncipe Guillermo. Hay negocio de quien lo promueve, por su puesto que le vende más espacio que lo que dura el programa. ¿Qué me dicen del interés económico de quien presta su imagen y nombre, muchas veces personalidades públicas como son los artistas o inclusive médicos que venden su cédula, todo por engrosar la billetera?. Y ni que decir de aquellos que se supone vigilan por la calidad de los productos que se ponen a la venta y que prometen resultados sobre la salud, que se hacen ojo de hormiga y permiten que llenen de mentiras y falsas esperanzas a la ciudadanía, por cuya salud se supone velan.

Recuerdo cuando salía de mis guardias del internado en el Hospital General de México, donde si no vestía de blanco me abordaban entre otros personajes un abogado para incitarme a demandar (tema que ya tocaré otro día) y un merolico, que te daba un panfleto que prometía “aliviar la diabetis (así se escribe lo que cura, no debe ser diabetes… digo yo), el mal de orin, el vaciamiento, la bilis, la hernia jiatal (¿DE JIOTES?), la hipertensión, el embolio, cólera, empachamiento, el “six” (nunca supe si se hablaba del de cerveza o qué), mal de ojo y hasta el SIDA“. Para alcanzar la cura había que subirse al metro, llegar a la terminal Indios Verdes, bajarse, caminar 3 cuadras, pararse en el teléfono público, marcar el número que ahí indicaban y alguien pasaría a buscarlo… si salía vivo de ahí, ya era un milagro.

La televisión se ha vuelto el nuevo merolico, utilizando a figuras públicas, como Maribel Guardia quien promociona terapias con “células madre” como si se pudieran conservar en un bote y fuera tan sencillo. Los productos milagro dejan a las televisoras cifras millonarias y mientras los intereses económicos se mantengan en pie, las modificaciones de ley propuestas por el titular de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), Miguel Ángel Toscano Velasco, jamás verán la luz. Tan solo Cicatricure y Aspexia juntos invirtieron más de $1,500,000,000 en publicidad según un estudio de KP Alazraki Central Media, publicado por la revista Proceso el año pasado.

Si piensa que esto se encuentra solo en la clase socio-económica-”cultural” más desfavorecida, se equivoca, hoy el internet (del que aunque no lo crea, somos beneficiarios muy pocos), se encuentra infestado de falsas curas, algunas han trascendido y cuentan ya con páginas de Facebook como el QIAPI-1, si ese famoso medicamento del Dr. Solis basado en la “fotosíntesis humana”.

Cientos de ejemplos más que nos topamos en internet con tan solo buscarlo, prometen las mil y un maravillas gracias a la implantación de placenta, timo (eso es lo que es, ¡un timo!), cerebro, páncreas y fémur de cerdo, oveja negra (¿qué diferencia hay con la oveja blanca o la parda y la pinta?), etc.

Algunos se anuncian como distribuidores de “productos suizos sorprendentes” como HUMACELL. Curiosamente dicha empresa está demanda en aquel país europeo por usurpar el nombre de la terapia. Quien demanda asegura que la compañía antes mencionada no tiene registro alguno, ni en Suiza, los EUA ni otros países donde supuestamente tiene presencia. Los medicamentos que produce BIOCELL (parte acusadora), si bien ofrecen estimular el sistema inmune, hormonal, etc. no lo hace bajo principios de implantación de órganos ajenos al cuerpo, sino por medio de isoflavonas, minerales, vitaminas e incluso terapia de reemplazo hormonal, todo ello bien comprobado bajo métodos científicos.

Además de controversial la técnica ofertada por HUMACELL y otros, carecen de sustento científico y al igual que el Dr. Solis argumentan el origen “científico” de sus “descubrimientos”, pero cuando se les solicita la evidencia, refutan “recordemos que la palabra Ciencia no tiene un significado universalmente aceptado.” (Palabras del Dr. Solis en un debate en Facebook sobre el QIAPI-1).

Pero ¿qué más da? Mientras haya demanda habrá oferta, la gente sigue creyendo en milagros y siempre habra quien se los venda, sin importar la salud y mucho menos la ética. Solo hay algo seguro, tras renegar de los médicos, todos los usuarios de estos milagros llegarán a los hospitales, tristemente con consecuencias, ya sea por el mismo “milagrito” (vease a Alejandra Guzmán) o por la enfermedad, que nunca se curó y sí se complicó.

Y yo me pregunto: ¿dónde quedó la famosa uña de gato que curó de todos sus males a Andrés García? Hoy es el hongo michoacano y hace un par de años era el mangostán y antes el jugo Noni. Si tan buenos resultados dan, ¿por qué han perdido tanta fuerza? Se los dejo de tarea…

Prescribiendo en base al ego no al criterio

No recuerdo si el tema ya lo había tocado en alguna entrega previa, pero lo que es un hecho es que no le había dedicado todo un post.

Si hay un área donde la gente es celosa de su trabajo esa es la Ciencia y partícularmente la Medicina, donde los orgullos laborales son muy altos, tal vez en parte debido al esfuerzo que implica el lograr un determinado grado, desde la licenciatura. Supongo que también es característico del fenotipo de aquellos que nos dedicamos a dicha rama o ¡qué se yo! Lo que es un hecho es que si uno quiere ver discusiones acaloradas, puede sentarse en una sesión científica donde se propongan nuevas teorías o inclusive en la planeación de un protocolo de investigación, peor aún en las reuniones académicas de los médicos o a la hora de un pase de visita donde se pone a debate un tratamiento determinado.

No sé si didácticamente sea lo más apropiado, pero a mí me funcionó la metodología en donde el maestro o inclusive los mismos compañeros te interrogan hasta decir basta, en donde pareciera que el único objetivo (y a veces es así), sea el dejarte como un perfecto ignorante. No, creo que en la nueva tendencia educativa no es bien visto, pero el orgullo propio del gremio se veía motivado y ello te llevaba a  estudiar.

Pero que quede claro, como en todo, puede haber peligros y este orgullo puede ser un arma de doble filo, lo peor es que en ocasiones el afectado es el paciente, a veces (no pocas, tristemente), los médicos tienden a querer “dejar su huella”, con cambios en el tratamiento injustificados, siendo el único motivo el ego mal dirigido, el querer demostrar cuanto se sabe y demostrar que lo único que se tiene es una ausencia de dos elementos, ética y autoestima. Cuando veo que un médico cambia la indicaciones que puso otro, cuando estas estaban bien fundamentadas, solo me queda llegar a esas conclusiones y es que en la mayoría de las ocasiones cuando preguntamos el por qué del cambio, no tenemos respuesta o esta es ilógica, acalorada e incluso violenta. A veces me encuentro con cambios irrisorios, como una unidad de insulina hacia arriba o abajo, cambiar medicamentos por otro de la misma familia y potencias terapéuticas similares, pero tristemente en muchas otras los cambios logran afectar al paciente quien ya se encontraba controlado y a raíz del cambio perdió efectividad y control.

Agradezco cuando se realiza una modificación oportuna, por ejemplo pacientes que con determinada dosis de un antihipertensivo ya no encontraban éxito y se realizó el cambio del agente o la dosis en una forma justificada y sobre todo que esta se asienta en la nota. Este tipo de intervenciones ayudan no solo a ese paciente, sino a otros futuros, pues siempre se puede aprender de algo que noto un compañero, una omisión de nuestra parte o simplemente porque como sabemos, pudieron cambiar las condiciones del individuo y requerir otro tipo de terapia.

¿Pero cómo normar los cambios? La Bioética sin duda alguna tiene aquí mucho que ver, así como los cursos en “Seguridad en el Paciente” y otras intervenciones que se han hecho a nivel institucional en muchos países, incluyendo el nuestro, pero, ¿cómo llegar realmente a los individuos? Una realidad es que crear protocolos con secuencias específicas es imposible, porque como desde que entramos a la carrera se nos dice, no hay enfermedades sino enfermos, las guías, como su nombre lo dice, únicamente serán orientadores, pero no pueden ni deben ser seguidas al dedillo, deberá existir un criterio para su uso y ese sin duda es el conjunto de una preparación continua y la experiencia adquirida en el tiempo.

Esto me recuerda también a aquellos que leen un artículo (o muchísimos) y se tambalean entre los tratamientos que proponen, queriendo siempre aplicar, sin criterio alguno, el último leído a sus pacientes, con el pretexto de estar utilizando los tratamientos de vanguardia. Reitero, requerimos de un criterio, eso es lo que nos hace médicos y es en esos momentos cuando esta característica toma gran importancia y nos diferencia de “cualquier mortal” (sino cualquiera podría utilizar el Vademécum y sabemos lo peligroso que es eso) y dejar de lado nuestro orgullo, recordando que lo realmente importante es nuestro paciente.

La educación vs medicamentos milagro

20110405-171339.jpg

Me atrasé nuevamente, esta vez debido principalmente a mudanzas de consultorio y casa, ambas simultáneas, sólo a mí se le ocurren esas barrabasadas. Por otro lado, había escrito varios borradores, unos sobre ciertos temas que me han hecho enojar últimamente en el trabajo, pero al leerlo me dí cuenta que si tengo lectores no puedo abrumarlos con mis quejas, por el contrario, hay que cuidarlos.

De tal modo que retomaré un poco de lo escrito en El Ocio de la Ciencia, sí, tocaré un poco aquello de la Fotosíntesis Humana, para ser más específico no hablaré del tema como tal, sino de las respuestas que estos generaron y que no todo está escrito, algunas llegaron en forma de tweet, otras de correo electrónico y algunas más de intercambio de opiniones en persona. Ninguna de ellas de los autores de tal “investigación”.

Como todo aquí, aclaro que se trata de mi opinión personal, la cual fundamento en lo adquirido a lo largo de mi vida en la escuela y mi práctica profesional, en ningún momento impongo verdades absolutas, pues creo en que estas no existen, de ser así, que me demuestren lo contrario.

Ya esperaba yo reacciones a mi artículo, he de confesar que no me tomaron por sorpresa, pero ante mi capacidad de asombro, no dejo de maravillarme de ver como la gente no puede enfrentar la evidencia y defiende con ahínco lo que cree o peor es el caso, lo que le hicieron creer. Sobre la información que expuse en el artículo, por ejemplo, afirman que no les importa si la supuesta investigación proviene de un fraude, siendo que si se fue capaz de mentir en algo tan evidente ¿cómo creer en algo más esencial?

Recuerdo que cuando la pandemia de gripe A H1N1 se dudó de la palabra de autoridades como la OMS, argumentando de sus poderes políticos y sus intereses económicos, pero no se pone en duda la palabra de Phan Thi Kim Phúc embajadora de la UNESCO. En realidad no puedo realizar ningún juicio sobre Kim Phuc, únicamente sé de ella lo que la mayoría conoce, fue retratada el 8 de junio de 1972 por el fotografo Nic Ut durante la guerra de Vietnam, siendo una de las imágenes de guerra más conocidas del mundo entero. Pero perdón, este hecho no le da a Kim Phúc ninguna veracidad absoluta en lo que a ciencia y tratamientos médicos se refiere, además de que en ningún lado he encontrado la declaración firmada o hablada de dicho personaje sobre los favores recibidos por el tratamiento del Dr. Solis, únicamente los que se menciona en los blogs de pseudociencia y una fotografía de dicho galeno con la ahora embajadora de la UNESCO, una fotografía que no dice absolutamente nada, cualquiera puede fotografiarse junto a personalidades y no quiere decir nada, no es evidencia de ningún tipo y alguien que robe la investigación de otros atribuyéndosela como propia, bien puede crear otras mentiras para sustentar su plagio y el tamaño de la personalidad que lo respalde tiene que ser equiparable a quien se lo robó, nada más y nada menos que aun premio Nobel.

Posteriormente, a mi comentario de no tener evidencia escrita, se me ofreció como tal, un par de enlaces, la primera la solicitud de patente, que si bien es un documento oficial y es considerado como un antecedente científico de un descubrimiento no es considerado como una evidencia, además, reitero que lo que publica en sus patentes es sobre el “descubrimiento” de las propiedades de la melanina como fuente de energía, jamás como medicamento. El otro documento “científico” ofrecido aparece en Google Scholar, el cual, aunque útil y utilizado por un servidor, no es considerado por la comunidad científica como una base de datos fidedigna, nuevamente hablamos de los riesgos de internet.

Pero copio integramente lo que contesté ante tal “evidencia”:

Los documentos que me envía, están en Google Scholar que en primer lugar no es un índice de documentos científicos apropiado, aún así revisé lo enviado, una es la socilictud de patetente, lo cual no se considera evidencia científica, el otro es un artículo sobre la melanina y habla de lo que parece encontrarse, cito ad integrum “We found that melanin has an important role in the physiology of the eye and the body. Has many properties, but no one by themselve explain their beneficial actions on the tissue” pero lo más importante es que es un resumen, no un artículo completo, esto debido a que es producto de un cartel publciado en en un congreso tal vez, pero no define en la metodología como midieron o concluyeron lo anterior, simplemente dicen que realizaron una agiografía “We studied the human retina with angiography, visible and unvisible light; digital imaging registration, and mathematical models to analysis of results” ¿Cómo pueden concluir en base a dicho estudio lo siguiente “We found that melanin has an important role in the physiology of the eye and the body. Has many properties, but no one by themselve explain their beneficial actions on the tissue”?

Que la información esté publicada no significa que sea fidedigna, así como se puso a juicio mi revisión,  pido sea analítico de la información publicada y los usos que se dan, no los dije yo, los asevera el Dr. Solis, como dije, puede oirlo de su propia boca.

P.D. Hay otros artículos que no me envió, como un análisis en un poster en un congreso de Medicina Antienvejecimiento, en ella analizan la función que tienen los antioxidantes y la carnitina en el envejecimiento, les dan estos productos a los pacientes, los cuales por los estudios previos, se espera tengan beneficios, aunado a ellos les dan el “medicamento” del Dr. Solis, pero no hay grupos control con y sin el medicamento, no pueden decir entonces que es el medicamento y no solo los antioxidantes y la carnitina los responsables de la “mejoría”. Literatura poco científica puesta en la red para que gente que no tiene capacidad de analizar la metodología caiga ciegamente.

En fin, mi intención no es otra sino poner el dedo sobre la llaga, creo que el punto álgido está en la educación, el tomar un hecho como verídico sin poner en tela de juicio su fuente, sin analizar y simplemente creer, tiene que ver en el fondo con la educación. Ninguno de los hechos que me han ofertado para debatir mi crítica han sido fuertes o válidos, por el contrario, quien intentó refutarme con hechos “científicos” dejó en claro que lejos de ello, la comprensión del texto quedó lejos de ser buena y es que ¿cómo entenderlo si no se tiene un fundamento?

Si bien es cierto que no todos serán científicos e inclusive en estos no todos serán médicos, si todos (en el hipotético caso de haber recibido educación “básica”) deberían tener un criterio más crítico. Creo sobre todo que más que enseñar por memorización, como tradicionalmente se hace, las escuelas deberían fomentar la curiosidad por el saber más, ello sin duda generará la necesidad de buscar pruebas para cada pregunta y una pregunta en cada hecho que se suscite en la vida del educado. Este no es un problema que ataña solo a México, pero como mexicano me doy cuenta de la pobreza educativa de nuestro país.

Apoyo la noción de que es necesario invertir más en la educación superior, pero esto no será factible o útil mientras no se tengan bases sólidas, sino seguiremos teniendo médicos que se dediquen más a la charlatanería e inclusive que crean en ella, no es raro encontrarse por ejemplo químicos farmacobiólogos que utilicen “remedios homeopáticos”, aunque es también sencillo dejarlos callados al preguntarles en su leguaje sobre el la farmacocinética, farmacodinamia o los principios activos de sus “curas”.

Por último y para concluir, a quien me debatió diciendo “Si su medicina señor, hubiese servido para curar enfermedades, las acciones de las farmacéuticas tenderían a la baja en la bolsa, ya que cada vez habría menos enfermos, sin embargo todos podemos comprobar que es una de las industrias más poderosas del mundo.” Le contesto que en los últimos años, tras la aparición de los antibióticos y las vacunas, la esperanza de vida no solo a aumentado, se ha inclusive triplicado, existe una transición epidemiológica, que lleva a que cada vez existan menos (no se erradiquen) padecimientos infecto-contagiosos y aumenten las enfermedades crónicas no transmisibles. Debatiría con su misma pregunta ¿por qué este cambio ha sucedido en menos de un siglo con “mi” Medicina y no había pasado con su medicina “milenaria”? ¿Por qué sus remedios mágicos aparecen y desaparecen como acto de magia? Parece que esto es lo único mágico en esta industria de la farsa.

Medicamentos vs “la sopita de pollo” para la vida (2)

Imagen: noticiaaldia.com

Este artículo es la segunda parte de la entrega Medicamentos vs “la sopita de pollo” para la vida

Todos tenemos que sobrevivir, y así como el tendero tratará de vendernos sus conservas, la industria farmacológica buscará por todos los medios hacer lo propio. La investigación cuesta y mucho, miles de millones de dólares son invertidos antes de que un medicamento salga a la luz y si el laboratorio es serio, puede que al final, tras una gran suma de dinero esto ni siquiera suceda al comprobarse algún efecto colateral grave. Es por ello que invertirán otra buena suma a hacer que su producto se venda, por un lado crearán en el usuario (no siempre enfermo) la necesidad del producto, y en el médico tratarán de convencerlo de que es la panacea. Creo que hasta aquí, por muy encontra que estemos de dicha práctica, todo parece ser normal, un juego de supervivencia donde, en este momento, el laboratorio ha dejado su moneda en el aire, apostando por supuesto a que caerá la venta, pero pareciese que este juego no es tan azaroso y hay otros factores que cargan la moneda, ¿cuáles son?

Mencionaba yo a los tiempos de consulta, en definitiva, cada vez más breves, ya sea en una institución pública como inclusive en los consultorios privados (o libres como diría el Dr. Miguel Ángel Palacio). En las instituciones públicas, ya he discutido mucho al respecto, se considera de mayor calidad un menor tiempo de espera, aunque ello se refleje en un menor tiempo de antención. En la consulta privada pareciera reinar el mismo espíritu, a consecuencia del trajín diario de la vida, donde cada vez son más las actividades y menos los tiempos. Esto lleva como consecuencia que el galeno tenga poco espacio para valorar a su paciente, pero sobre todo para oirlo, comprender su problemática, y después ofertarle una solución, que no siempre tiene que llevar la prescripción de un fármaco, bien puede ser únicamente una palabra de aliento o inclusive un afectuoso “jalón de orejas”.

Hablaba también de la presión del paciente, aquí viene en parte el juego de la mercadotécnia de la industria, quienes provocan por lo general, la necesidad en el individuo de tal o cual medicamento. No es extraño en mi consulta diaria que los pacientes me pregunten si pueden utilizar tal o cual fármaco que anuncian en la televisión, muchas veces son productos que se ofertan como la solución mágica a muchos problemas de salud, que ni siquiera gozan del “beneficio” de un fármaco bien estudiado. En muchísimas más ocasiones, preguntan por las vitaminas, como si estas fueran innocuas y el remedio mágico para su cansancio, la falta de apetito o el problema común de todos los padecimientos. (Se que existen transtornos secudarios a avitaminosis, pero si siempre la solución estuviera en tomar vitaminas, no sé para qué diantres estudié 6.5 años de Medicina y luego hice una especialidad). En fin, los merolicos han incursionado ahora a la televisión.

Aquí vienen dos factores, la ignorancia y el lucro. El paciente ya viene encausado, con intención de recibir un medicamento, a veces inclusive ya tienen en mente el fármaco que quieren, como si se tratara de un platillo en un restaurant. Si el médico no está bien fundamentado, conoce bien el padecimiento o se dió el tiempo de estudiar conocer a su paciente, corre el riesgo, ya sea de caer en el juego y actuar únicamente como un “expendedor de recetas a la carta” o por falta de fundamentos clínicos y farmacológicos, caerá víctima de la publicidad de los laboratorios, recetando lo que su representante le dijo era lo mejor, el que le dió el regalo más vistoso o el medicamento que aparece escrito en la pluma con que elabora la receta. En definitiva, podrá estar actuando de buena fe, pero eso no le quita lo irresponsable, un médico tiene en primer lugar que valorar bien a su paciente, por otro lado mantenerse en continua actualización y en caso de que el padecimiento no sea de su dominio, referir a quien así lo haga y no por ocultarlo, prescribir por prescribir.

El fin de lucro es aún más triste, y se resume en el hecho de darle “al cliente lo que pida” con tal de que vuelva a regresar, esto a costa inclusive de la salud del individuo, bajo la premisa “si no se los doy yo, van a la farmacia y se lo surten o bien otro doctor se lo dará”. Tal vez sea verdad, pero como médicos, reitero, debemos velar por el bienestar del paciente, y muchas veces, simplemente con hablar y explicar, logramos que los pacientes entiendan que ese no es el tratamiento o que su padecimiento no requiere de un fármaco, inclusive, como decía inicialmente, que su síntoma no corresponde a una enfermedad sino a un hecho cotidiano de la vida.

Hablaba al inicio de la “tristeza” o depresión, y es que se tiene actualmente un abuso de los antidepresivos, en esencia, el origen es el mismo, la falta de tiempo o paciencia por parte del médico para oir y luego para explicar, hemos caído en el juego del “Prozac” y todas sus nuevas variantes (Escitalopram incluído). Otro campo que ha caído en el abuso, es el hecho de la vanidad, los médicos encuentran en ella una gallina que pone huevos de oro y los pacientes, como ya lo he comentado, prefieren invertir en ella que situaciones que realmente afectan su salud, es un fenómeno de todos los días, pero no por ello voy encontra de que existan tales tratamientos, pues reitero, puede que algunos de los casos lo ameriten, cuando ya implican un problema real para la esfera psicológica o social de paciente, aunque no forzosamente la física.

Así que en conclusión, no hay pastillas para soportar la vida, pero sí hay médicos que escuchan a sus pacientes y los ayudan a salir adelante. Espero que cada vez prescribamos más abrazos y “sopitas de pollo” que fármacos innecesarios.

Medicamentos vs “la sopita de pollo” para la vida (1)

Imagen: chef3d.blogspot.com

En su número más reciente JAMA publica un estudio donde aparentemente el Escitalopram es eficaz para el control de los bochornos en la menopausia. No me atrevo a debatir el artículo en sí, puesto que no lo tengo a la mano y en este momento no tengo acceso a su versión on-line, prometo que al conseguirlo, agregaré en una nota al pie de esta entrada, un comentario al respecto.

En realidad es que mi análisis en este momento, va dirigida no a la publicación médica en sí, sino a la columna que se generó en torno a ella en el diario Público.es. Comparto, he de aclarar, el hecho de que en la práctica actual de la Medicina, los médicos estamos sobremedicando (no puedo excluírme, tanto porque sería vanagloriarme, como porque he caído en la práctica). Tendemos a quererlo solucionar todo, inclusive, como menciona la autora, los hechos cotidianos de la vida.

Así es, creo que hay cosas que no necesitan un fármaco, algunos son los casos que citan en la columna (calvicie, “tristeza”, menopausa, transtornos de la erección), pero creo que hay que ser un poco más cuidadosos al respecto y no irnos tan superfluos, es ahí donde creo que el artículo de Ainhoa Iriberri, si bien comparte mis ideas, podría tener, creo algunos puntos flojos, creo que le faltó algo, tal vez, al final de mi análisis logremos encontrarlo.

Empecemos, y para ello me iré directamente al tema que originó ambos artículos, ¿es la menopausia una enfermedad? En definitiva, no. Es un hecho que toda mujer pasará por un ciclo en su vida, en donde al final, se encuentra la menopausia, así que entonces, esta es una situación normal de la vida en todo ser humano del sexo femenino; poco menos estudiada está la andropausia, y probablemente el auge más grande se dió en otro caso mencionado por Iriberri, los transtornos de erección e inclusive otro de ellos, la calvicie.

Viene aquí mi reflexión, por no ser una enfermedad ¿debemos dejar que las mujeres sufran los síntomas de la menopausia? Reitero mi postura contra la medicación innecesaria, pero no por ello mi respuesta puede ser un tajante NO, creo que la necesidad o no de la terapia farmacológica en la paciente, dependerá más que nada de la intensidad de los síntomas, recordemos que salud no solo implica la ausencia de enfermedad, sino un completo bienestar en el aspecto físico, mental y social del individuo (OMS). Por lo tanto, si los síntomas están afectándo una o más de estas esferas y requieren una intervención, creo que es deber del médico ofertar el tratamiento más apropiado, sea cual fuere, un antidepresivo, reemplazo hormonal, ambos u otro totalmente diferente, valorando por su puesto el costo-beneficio, tomando por costo, no solo la parte económica, sino las complicaciones que la intervención pudiese tener.

Creo que el tema del problema de erección, si bien es muy similar, tiene connotaciones también mercadológicas, donde los laboratorios farmacéuticos han intervenido de sobremanera. Los transtornos de la erección, antes que nada deben valorarse a profundidad, la solución no únicamente (y no siempre) están en dar una pastilla ya sea azul, amarilla o naranja. Por lo general estos problemas vienen precedidos de otras enfermedades, las cuales tienen prioridad en su atención, tal es el caso de la Diabetes Mellitus, en otras ocasiones, podrá ser causa de un proceso natural de envejecimiento, es cierto, pero bajo la misma premisa que en el párrafo anterior, creo que hay que ser cuidadosos y en cada caso, valorar si es necesario o no dar el tratamiento, muchas veces bastará con hablar con el paciente y con su pareja (es un tema a tratarse con 2 individuos) y la pastilla saldrá sobrando.

Vamos, no debemos de profundizar mucho más, es cierto, como menciona al cierre el artículo de Ibarri, la industria farmaceútica no tiene toda la culpa, pero no podemos excluirla, contribuye en gran manera al problema al incentivar al paciente a buscar el medicamento y en propiciar que el médico lo prescriba. Sin duda otro responsable será el galeno, que caiga en el error, ya sea víctima de la mercadotécnia de la industria, de la falta de tiempo de consulta para valorar bien el problema, de la presión del paciente, o peor la ignorancia o el lucro. Vayamos paso a paso, que este es un círculo vicioso… (Segunda parte)

¿Pagar a quien cuida sus salud o multar a quien no lo haga?

Somos libres de decidir sobre nuestra salud, entonces también seamos responsables de sus consecuencias. (Fuente: atinachile.cl)

Lo he dicho varias ocasiones, el sistema público de salud en nuestro país no funciona adecuadamente y estoy inmerso en él, pero esta vez no lo achacaré al gobierno (únicamente). Creo que como en muchas cosas, los gobiernos paternalistas (conste que advertí que no es únicamente) mal acostumbran a sus pueblos, quienes fácilmente caen en el juego del pan y circo, acostumbrados a extender la mano y que se les dé para callar opiniones, pero pierden el sentido de lo que reciben.

Es cierto, he hablado de dar un trato de calidad, afectuoso y cercano al paciente y lo sigo sosteniendo, pero también es cierto que en varias ocasiones son ellos, los usuarios de nuestros servicios, quienes los infravalúan, no solo nuestros empleadores. El “paciente” (nótese el entrecomillado) se muestra poco afectivo y comprensivo en la espera de su consulta, hoy leía twitter de @modomedico una reflexión que me hacía reír, pero es cierto:

¿No protestas porque tienes que esperar mucho en una cola en Rebajas pero sueltas sapos y culebras en Urgencias?” que dicho sea de paso se deriva del post Urgencias, rebajas y reclamaciones de @lamamapediatra.

Pues bien, como lo mencioné al leerlo en forma inmediata despertó una sonrisa en mi, luego el remordimiento porque, sentida o real, lo que un paciente en la sala de espera de Urgencias tiene, es para él (ella) eso, una urgencia. Pero podemos translaparlo a mi mundo, el de los pacientes crónicos, ellos acuden a mi unidad sin urgencias, con cita previa, generalmente respetada y aún así reclaman el tiempo de espera si uno se retrasa 10 minutos, y hay que subrayar, ese retraso es resultado de darle un poco más de tiempo a otro colega suyo, un enfermo igual que él (ella) que requirió más tiempo para comprender su padecimiento, un nuevo tratamiento, explicar un procedimiento o lo que sea, pero estoy seguro, como lo dice Sophie (@mondomedico), bien pueden esperarse para cosas menos importantes que su salud.

En más de una ocasión e contabilizado con mis pacientes cuanto gastan en cigarros, refrescos (sodas), golosinas y otras “inversiones” que lejos de favorecerlos los perjudican, se sorprenden al darse cuenta que gastan mucho más al mes que lo que cuesta el medicamento que les sugiero, que casi siempre ya hay en genérico, y eso que no me meto en otros menesteres de su vida en donde seguramente ponen su dinero en la basura. Pero es que resulta más cómodo culpar al gobierno de no querer mejorar nuestra salud, sino me curo es porque el fármaco que me dan esta “diluido”, no me tomo lo que me prescriben porque no lo hubo en la farmacia de la unidad y no iba a gastar en ello.  y un largo etc.

Muchas veces me he preguntado, ¿los pacientes se cuidarían más si se les cobrara la consulta, aunque este fuera un costo “simbólico”? La respuesta es que no, tal vez mejoraría un poco la cifra, pero tampoco mucho, la verdad es que hay muchos pacientes que aunque quieran no pueden sustentarse su tratamiento, inclusive algunos que no pueden ni siquiquiera financiarse su alimentación (hoy tuve un caso) y es por ello que da más coraje ver que se invierta en tratamientos de padecimientos auto-infligidos.

Una realidad es que la política de salud es algo compleja, por eso considero que debe llegar a esos puestos gente muy preparada, tanto en el área médica como en la política. Hace unos días leía en Matasanos.org una nota que me llamó la atención “…en Catalunia el nuevo conseller de Salud de la Generalitat, Boi Ruiz, a propuesto imponer las denominadas ‘tasas de uso’ sanitario con el fin de concienciar a la población sobre el elevado coste de la sanidad pública” ¿Será efectiva la media? Tal vez pudiera servir, no lo sé, pero la verdad es que somos muy tercos, ¿cuántas veces no nos han dicho que el cigarro mata? Y aun así se fuma. ¿Cuántas veces no nos han dicho que las golosinas hacen daño, hasta les llamamos “alimentos chatarra“? A pesar de ello los consumimos. Así pues que saber cuanto se gasta en una consulta, no creo que genere gran conciencia social, se considera ya “un derecho” cueste lo que cueste. “Tengo de derecho a estar sano aun a pesar de mí”.

Volvamos al ejemplo que puse antes, mis pacientes no gastan el dinero en su medicamento, pero lo gastan en ‘alimentos con bajo contenido nutritivo’, curiosamente, invierten en lo ‘prohibido’ y no en lo que necesitan, en general son pacientes con Diabetes Mellitus, no deben consumir alimentos con azúcares simples, pero toman grandes cantidades de refresco, compran pastelilllos industrializados y fuman, para incrementar su riesgo cardiovascular. Una vez con el infarto, acudirán al servicio de Urgencias, reclamando (como menciona @mondomedico) ser atendidos porque es “su derecho” y por culpa del gobierno que no los cuidó están ahí muriendose.

En respuesta a lo mismo leía en @BitacoraMedica una noticia que también me sorprendía, en Gran Bretaña se pagará a los pacientes que se cuiden. Personalmente me resultó una medida absurda y contraproducente, a menos que ustedes opinen lo contrario, creo que de poco ayudará, pues ahora se tendrá que pagar a quienes decidan cuidar lo que tienen y pagar la atención de aquellos que decidieron no hacerlo, puesto que resulta muy complejo definir quien perdió la salud por cuenta propia. Creo que si bien es cierto que la salud es un derecho, no deben por qué pagar por que lo cuides, ¿alguien me paga por ser libre?

¿Por qué no realizar la medida contraria? Multemos a aquellos que no cuidan su salud, grandes manifestaciones se han hecho por los incrementos en los impuestos a cigarrillos, medida que comparto porque en cierta forma es eso, una multa por no cuidar tu salud (aunque se vea más como una forma de sacar dinero para programas que no son exactamente en salud).  Estos impuestos y medidas también se han buscado aplicar a golosinas y refrescos, pero imagínense el revuelo que se haría.  ¿Cómo se vería la situación si al paciente que no sigue las indicaciones médicas, nutricionales, etc. se le girara una boleta con una multa? En general Salubridad sabe donde hay pacientes enfermos y quienes no se están cuidado, ¿no los forzaría a hacerlo? Y sí, que se le de la medicina y la atención al paciente que acude a su consulta, muy probablemente financiado por aquél que ha decidido vivir “mejor” aunque sea menos tiempo.

Reitero, crear políticas de salud es sumamente complejo, muchos manejarían que es su cuerpo y que el individuo puede hacer con él lo que quiera, ¿pero cuando esto implica un costo para los demás? Aquí entra la Bioética, etc. y se presta para hacer un buen caldo de discusión ¿ustedes qué opinan?

El fraude antivacunas

Andrew Wakefiel en un 'meeting antivacunas' (Fuente: Amazings.es)

Tal pareciese que en los últimos días los blogs de Ciencia y Medicina nos centraramos en atacar a las publicaciones cientificas y médicas de renombre. En realidad no creo que el asunto vaya por ahí, en lo personal creo que la publicación de artículos de investigación es un deber entre los que nos dedicamos a cualquier rama del conocimiento científico. Lo que considero también una obligación es que los datos estén apegados a la verdad, así sea que la investigación confirme o no nuestra hipótesis o que tengan o no un beneficio (casi siempre económico) para el autor. No quiero pensar que las revistas actuaron de mala fe, sino que fueron burladas por los autores de los artículos amañados.

Hoy me centraré en el tema del día en las redes científicas y médicas, hablo del movimiento antivacunas encabezado por el “médico” inglés Andrew Wakefield quien en 1998 publicó en la revista The Lancet un estudio donde, según él, demostraba que la vacuna triple viral (Sarampión, Paperas y Rubeola) está relacionada con el autismo. El estudio (como varios de los que al final resultan estafas) tuvo un alto impacto mediático, provocando que cientos de padres se negaran a vacunar a sus hijos.

Tras 2 años de pesquisas, en que se han encontrado comportamientos fraudulentos del médico inglés, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, el Comité Médico General (GMC) británico ha concluido que al realizar este estudio, actuó de manera “deshonesta e irresponsable”, “mostró un cruel desprecio” por el sufrimiento de los niños y jóvenes al someterles a pruebas innecesarias, “abusó de su posición de confianza” y provoco el descrédito de la profesión médica. Como señala Luis Alfonso Gámez en su blog el Comité “no entra a juzgar si sus conclusiones fueron acertadas -extremo que ya ha sido desmontado en otras investigaciones”.

Para empezar el estudio de Wakefield esta  basado únicamente en 12 niños (muestra que para la prevalencia de autismo es por demás insuficiente), de ellos él señala encontrar que 9 presentan autismo, cuando según la revista BMJ mintió y que únicamente uno de los pacientes contaba con el diagnóstico, para ello esta otra prestigiosa publicacion británica publicará una serie de artículos que pretenden desmoronar el maquiavélico fraude antivacunas. Citando nuevamente a Luis Alfonso Gámez “El grupo de sabios (GMC) destaca que el médico no sólo carecía de cualificación necesaria para hacer el estudio, sino que además nunca obtuvo autorización del comité de ética del centro donde trabaja. Diez de los coautores del artículo original se retractaron en el 2004 y la revista The Lancet acabó por poner en duda sus conclusiones

Following the judgment of the UK General Medical Council’s Fitness to Practise Panel on Jan 28, 2010, it has become clear that several elements of the 1998 paper by Wakefield et al1 are incorrect, contrary to the findings of an earlier investigation.2 In particular, the claims in the original paper that children were “consecutively referred” and that investigations were “approved” by the local ethics committee have been proven to be false. Therefore we fully retract this paper from the published record.

Fuente: The Lancet 2010;375(9713):445 DOI: 10.1016/S0140- 6736(10)60175-4 PMID: 20137807

Para el colmo, se ha descubierto que los pacientes fueron seleccionados de entre familias relacionados a grupos y asociaciones antivacunas, y aparentemente auspiciado por abogados que pretendían demandar a farmaceúticas fabricantes de vacunas, según señala ‘Irreductible’ en Amazings.es.

El mismo ‘Irreductible’ señala algo que me resulta interesante, en casi todos estos casos de fraude con implicaciones masivas, el común denominador es la negación, resulta imposible debatir con los seguidores de una posición como el movimiento antivacunas, no les interesa el rigor científico de la investigación, simplemente actúan bajo el velo de la fe, incapaces de cuestionar a su gran líder, a lo qué me surge la pregunta, ¿qué diferencia hay entre los que se niegan a vacunar a sus hijos y los suicidas de Jonestown en 1978 entre muchos otros? Desde la implementación de la vacuna en el mundo, se ha reducido en forma importante (casí un 95% en forma general) la incidencia de casos y con ello la mortalidad.

Ya hemos mencionado que todos somos víctimas del fraude y que la Ciencia no es la excepción, mi pregunta es ¿qué están haciendo las publicaciones científicas que tantos casos y tan graves se están filtrando? Digo, hay que saber muy poco de metodología de la investigación para saber que un estudio de la índole que pretendía Wakefield, requeriría de una muestra mayor para ser estadísticamente sustentable, es más si yo quisiera demostrar su misma hipótesis basta con estudiar a los pacientes con autismo, estoy seguro que una inmensa mayoría estará vacunado sí, así como también un amplio grupo de personas que no la tienen y maquillarlo, como lo hizo el autor según investigaciones de Brian Deear (periodista que se ha encargado de seguir y desenmascarar a Wakefield), pero al menos el fraude pudo haber sido un poco más elaborado.  La verdad es que me sorprende que se haya escapado del análisis lógico y sencillo de un Comité de Investigación y Editorial como el The Lancet, tan difícil me es de creer, que se presta para pensar que hubo algún implicado en el fraude.