Archive for julio, 2010

Opiniones entorno al Testamento Vital

Leía mi bandeja de entrada en Google Reader, donde ya tengo varias entradas por leer. De las primeras que reviso casi siempre son las de Medicina y las de Ciencia, siendo en estas dónde encontré la entrada que publica María García-Puente Sánchez, desde España, sobre el Testamento Vital.

Pues bien, he querido retomar un poco este tema para analizarlo desde tres perspectivas que conozco bien, el médico, el familiar y el paciente. Lo haré  no en segmentos independientes, sino como un collage de pensamientos que espero poder hilar.

En sí el Testamento Vital (Documento de Voluntades Anticipadas o Instrucciones Previas) es un documento por medio del cual el sujeto expresa el modo en que desea se aborde su enfermedad en caso en que por algún motivo físico o mental se encuentre incapacitado para hacerlo e incluso posterior a su padecimiento, sobre el destino de los órganos y de su cuerpo. Este documento no trata en forma específica sobre el tema de eutanasia, aunque en muchos países donde esta figura legal existe y está permitida, también es posible establecerlo a través de dicho escrito.

Su origen se remonta a Luis Kutner, cofundador de Amnistía Internacional y tomó nuevo auge posterior a que en España se estableciera como un documento legal en el 2002. En México se ha discutido de él, pero por más que he buscado en internet (necesito un poco de asesoría legal), me parece que no hay todavía nada legalmente establecido, si bien se acepta un documento prefirmado como autorización para el uso de órganos, siempre se recurre nuevamente a consultar a los familiares y conocidos en caso de encontrarse en el nosocomio, al igual que en el uso de técnicas de reanimación cardiopulmonar u otras técnicas invasivas; en conclusión, el documento pierde validez legal en nuestro país.

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Es ahí donde quiero ahondar y el motivo por el cual este documento de María García-Puente me motivo a iniciar este análisis. En la República Mexicana, al igual que en muchos otros países de habla hispana (me refiero a ellos puesto que Medtropoli.net está en castellano) aún no contamos con una regulación de voluntades anticipadas, lo que conlleva a una serie de atrocidades, tanto por parte del médico com de los familiares, guíados por sentimientos confusos e inclusive como una práctica “defensiva” contra posibles demandas.

No podemos olvidar que el médico se debe al bienestar de su paciente y que si bien en muchas ocasiones muchas intervenciones que se realizan pueden resultar de inicio molestas (no hay cirugía que no provoque un mínimo de molestia al menos), éstas deben de obedecer a una relación de “costo-beneficio” en donde los efectos adversos sean justificables por los resultados obtenidos en la calidad de vida del paciente, comprendiendo esta, no solo como la ausencia de enfermedad, tal y como el concepto de salud de la O. M. S. nos indica.

Es así, que el galeno debe aprender a dejar a un lado ese sentimiento de salvador de vidas, puesto que no es mejor médico aquel que evita que sus pacientes mueran, sino aquél que hace que sus pacientes mientras vivan lo hagan plenamente y que si han de morir (todos lo harémos) lo hagan lo más placenteramente posible, libres de agonías y sufrimientos. A veces pareciese que únicamente somos calificados por el número de enfermos que sacamos de paro cardiorespiratorio sin importar las condiciones de “vida” que representen, que hayan perdido el automatismo respiratorio e inclusive padezcan de “muerte cerebral”  (Si bien legalmente esta es la definición de muerte, son muchos los casos en que pacientes en dicho estado permanecen conectados a ventiladores mecánicos y reciben alimentación paraenteral) ¿Acaso esta es una condición de vida digna?

Perdón si mi comparación resulta ofensiva para alguien, pero en ocasiones como amante de los animales que soy, me he topado dando gracias de que con mis perros he podido pedir que se les “duerma” y no como con los humanos. Aún tengo conflictos al hablar de eutanasia, no con otros médicos, ni con religiosos o con ciudadanos comunes y corrientes, estos conflicos están dados por mí mismo, a quien como humano en ocasiones me cuesta trabajo lidiar con el sufrimiento de otro, aún más cuando se sabe que no hay una solución posible para ello que no sea la muerte. Es por ello que evitaré tocar el tema el día de hoy, por un lado, porque el Documento de Voluntades Anticipadas no es per se una solicitud de eutanasia y porque yo en este momento no tengo una postura definida por lo que podría ocasionar controversias.

Lo que si queda claro es que se esté o no de acuerdo con la eutanasia, esta es definida como la aceleración de la muerte o inclusive provocar la misma a través de la aplicación de algún medicamento o la realización de alguna técnica que culmine con el fin de la vida. La división con otras prácticas es sumamente delgada y de ahí que surjan tantas controversias y es que hay quienes hablan de una eutanasia activa y otra pasiva, la primera la hemos definido ya, pero la pasiva es la suspensión de tratamientos con el fin de acelerar la muerte, esto podría confundirse con lo que algunos bioéticos denominan ortotanasia, siendo honestos es lo que a mí me resulta más confuso, considerándome partidario de la ortotanasia como se podrá notar en próximos párrafos y artículos.

Se juzga por lo general a quien practica la eutanasia, pero sinceramente no creo que no haya algún médico, sin importar nacionalidad, religión, línea política, etc. que no haya tenido alguna vez un paciente frente a él, a quién por desear ayudarlo no le haya pasado por la mente al menos la frase “más le valía morirse”, “ojalá muera pronto para que descanse” o cualquier otra frase, más o menos igual de dramática, así es que aunque no se comparta la postura, no nos resulta tampoco extraño el origen de la misma. De igual modo, creo que todos los médicos hemos vivido el lado opuesto, en donde al ver morir a un paciente sin importar la edad, el sexo o la enfermedad, no hayamos pensado en tratar de “resucitarlo” y en este caso sin lugar a dudas, más de uno (incluyéndome) hemos caído en realizar esfuerzos inhumanos por “rescatarlo de la muerte”, los casos como estos son más dramáticos cuando se trata de niños, jóvenes o madres, pero también lo hemos visto en ancianos e inclusive hombres solitarios que por lo general se han ganado la simpatía del personal.

Lo anterior responde a que en la generalidad de las Escuelas y Facultades de Medicina no se nos enseña a lidiar con ella, nuestra eterna compañera, la muerte. Por lo general, se le liga con fracaso en la práctica médica, lo que conlleva aún más a la práctica de la distanasia. A veces resulta controversial ver a médicos que te dan argumentos en pro de la eutanasia llevar a cabo maniobras invasivas, aplicación de medicamentos que prolongan la vida en pacientes en los que en muchas ocasiones únicamente se consigue prolongar el sufrimiento; cuando se les cuestiona y confronta, se dan cuenta de que lo que han hecho pareciese responder a un instinto adquirido en la Universidad, el médico “salva vidas” o bien a una especie de reflejo de supervivencia ante la ola creciente de demandas.

Ante el párrafo anterior y esperando no perder el hilo del análisis diría que si bien hay defensa jurídica para aquél médico que no quiera practicar la eutanasia, parece que no hay defensa para quién se niegue a practicar la distanasia y es que esta siempre será vista como un abandono terapéutico y no como un hecho a favor del paciente. Así pues, que la única defensa que pudiera quedarle al médico es tener el apoyo firmado del paciente mismo (y que por lo general es el último que se pide en caso de poderse), pero en México y creo que en otros países, la decisión final la tienen los familiares que se encuentren en ese momento en la sala de espera, quienes muchas veces guíados por el dolor del momento, sentimientos de culpabilidad o de dependencia o inclusive por falsas compasiones, pueden tomar decisiones no siempre bien premeditadas, inclusive me he topado en más de una ocasión con quien se contradice en menos de 5 minutos. Definitivamente el mismo familiar, aunque en el momento pudiera no entenderlo, es uno de los más beneficiados de que el paciente hubiese elaborado un documento de voluntades adelantadas.

La búsqueda de una respuesta en torno a este tema me ha llevado a consultar y estudiar un poco de Tanatología, pero dentro de esta disciplina, al igual que en cualquier otra, existen vertientes, muchas convergentes, pero otras antagónicas y es que sobre esto habrá tantas opiniones como cabezas hay, lo que no puede quedar en duda es que el médico se debe a su paciente y al bienestar de él, por ende, debe ser siempre analítico del peso que sus acciones tendrán sobre la calidad de vida y/o muerte que obtendrá su paciente, siendo siempre respetuoso de la voluntad que el individuo tiene sobre sus tratamientos, recordemos lo que mencionaba en el artículo previo, el paciente es el dueño de su propia salud y por ende de su propia vida, por lo que debemos tratar de infundir en nuestros pacientes la elaboración de su “testamento vital”.

Aunque quede en el aire la pregunta ¿el hombre tiene derecho a decidir cómo, cuándo y en dónde morirá? ¿Por qué no dejan su opinión?

El paciente. Dueño de su salud

Hoy en día la palabra empoderamiento está de moda. Campañas políticas hablan del empoderamiento de la mujer, del indígena, etc. En Medicina esto no podría ser la excepción y hablamos del empoderamiento del paciente, es decir, la capacidad que tiene el enfermo o usuario de un servicio a tomar decisiones entorno a su salud, a que se le tome en cuenta en la toma de decisiones y en algunos países donde la eutanasia está permitida, inclusive a la decisión de cuando y como morir.

Dejemos a un lado este último tema, un tanto cuanto escabroso y que por ello amerita un artículo para él solo. Hoy he querido hablar precisamente del empoderamiento del paciente en cuanto a su manejo, pero para hacerlo primero hay que empezar definiendo esa palabreja tan extraña, sino es que inexistente hasta hace unos años y que aún no aparece en el diccionario de la Real Academia Española.

El término empoderamiento surge inicialmente como un movimiento social, buscando dar mayor participación a los grupos vulnerables, pero desde sus orígenes, este ha ido cambiando y adoptando nuevas facetas y aplicaciones:

En este sentido, Friedman (1992) señala que el empoderamiento está relacionado con el acceso y control de tres tipos de poderes: a) el social, entendido como el acceso a la base de riqueza productiva; b) el político, o acceso de los individuos al proceso de toma de decisiones, sobre todo aquellas que afectan a su propio futuro; y c) el sicológico, entendido en el sentido de potencialidad y capacidad individual.

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De forma similar, Rowlands (1997) señala tres dimensiones: a) la personal, como desarrollo del sentido del yo, de la confianza y la capacidad individual; b) la de las relaciones próximas, como capacidad de negociar e influir en la naturaleza de las relaciones y las decisiones, y c) la colectiva, como participación en las estructuras políticas y acción colectiva basada en la cooperación.

Fuente: Diccionaro de Acción Comunitaria y Cooperación al Desarrollo

Una vez aclarado el tema de que el empoderamiento puede tener una esfera individual, retomemos el tema central de nuestra columna.

Ya hemos platicado de que en la Medicina sin duda alguna hay quienes creen que lo saben todo, que con gran prepotencia manejan a sus pacientes, sin darles la oportunidad de hablar y que en consecuencia hacen que a los médicos se nos juzgue con esa vara, pero siendo sinceros no siempre es así y los mismos pacientes toman esa actitud para facilitarse encontrar una excusa para no responsabilizarse de su propia salud.

Soy un defensor convencido de brindar a todos los seres humanos a una atención médica de calidad, bajo el principio del derecho básico de la salud y en ello trabajo, pero a lo largo del tiempo que llevo trabajando en instituciones públicas (tomando mi formación como parte de dicha experiencia), me he ido dando cuenta de varios puntos débiles que se tienen, no solo en mi país sino en otros lados del mundo por lo que he podido comprobar gracias a internet.

En general es cierto, la calidad de los servicios públicos de salud es pobre, tanto por el alto índice de demanda que conlleva a tiempos de consulta mínimos que traducen en una despersonalización de la atención, riesgos inminentes de iatrogenias y muy probablemente la insatisfacción del paciente y del mismo galeno. Pero y el paciente ¿qué aporta?

Sí, generalmente he considerado que las instituciones deben de vigilar la calidad que se brinda para la atención del paciente, procurar la existencia de insumos para que esta sea completa, ya que en muchas ocasiones los médicos podremos poner de nuestra parte, pero a la hora de solicitar tal o cual medicamento la respuesta es que no hay en existencia o que no se cuenta con el material para realizar un determinado procedimiento. Pero en el caso de un mundo ideal en que esto no sucediera, si el paciente no colabora ¿qué resultado podemos esperar?

Es por ello, que las nuevas tendencias en la Medicina, tienden a responsabilizar al paciente del autocuidado de su salud, poniendo al médico como un intermediario o un consejero, dándole al usuario la capacidad de resolución en cuanto a su padecimiento y tratamiento se refiere. El concepto no fue obra de la casualidad, los médicos se dieron cuenta de que tal vez podrían poseer el conocimiento teórico, pero que a la hora de llevarlo a la práctica la realidad era otra, ¿la diferencia? Pues que en los estudios para valorar los efectos de una terapia determinada todo estaba muy controlado, inclusive la toma del fármaco por el sujeto de estudio, su dieta e inclusive su actividad física, en contraparte, en el mundo real el control del médico termina cuando el usuario sale por la puerta del consultorio/hospital con la receta en mano.

Así pues, la adherencia al tratamiento dependerá de la decisión del paciente y por ende de si quiere o no seguir las indicaciones de su galeno, es por ello que el empoderamiento del paciente resulta tan importante hoy en día. No es de sorprendernos entonces que un tema de boga en las revistas médicas sea precisamente el apego al tratamiento, en particular en enfermedades crónicas: Diabetes, Hipertensión, VIH, Tuberculosis, Artrititis, Psoriasis, etc.

¿La fórmula? Una buena relación médico-paciente, si el profesionista de la salud (no importa la carrera), se toma el tiempo de explicarle al enfermo su padecimiento, las opciones de tratamiento, las ventajas de cada uno de ellos así como sus efectos secundarios, etc., es factible que el paciente tomará una decisión con convicción de seguirla, en muchas ocasiones inclusive guíados por la decisión de su “orientador” y que esto conlleve el alcanzar las metas.

En resumen, como lo he insitido siempre, es necesario darle el tiempo a un paciente, no únicamente una receta para conseguir el objetivo principal, el beneficio del “usuario”, estoy seguro que en general los pacientes prefieren esperar y saber que serán bien atendidos, que ni siquiera hacer uso de la sala de espera o ser atendidos en un sistema de “cola” como en el banco, nada más parecido a una producción en serie.

Hipertrigliceridemia y circunferencia de cintura: factores de riesgo cardiovascular

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El día de ayer fue presentado en el Canadian Medical Association Journal publica un artículo titulado “Triglyceride and Waist Measurements Predict Heart-Disease Risk“, en él, el Dr. Benoit Arsenault y su equipo de colaboradores, buscan complentar la escala de Framingham para el riesgo cardiovascular, basados en que el síndrome metabólico está compuesto por un aumento en la circunferencia abdominal, triglicéridos elevados, disminución del colesterol HDL, elevación de la tensión arterial y de la glucosa en ayuno (resistencia a la insulina). Según señala Després, coautor del artículo a Medscape.com, únicamente se toman en cuenta estos últimos factores para la valoración del riesgo cardiovascular, dejando de lado la hipertrigliceridemia y la elevación del perímetro abdominal, los cuales han demostrado ser un factor de riesgo cardiovascular, aún por encima de los factores tradicionales de predicción.

Estas dos mediciones son la vía más económica para encontrar a aquellas personas que se encuentran en reisgo debido a un estilo de vida inapropiado, aquellos con obesidad visceral y alteraciones metabólicas asociadas. Debido a que la medición de dos componentes del síndrome metabólico no tomadas en cuenta por Framingham y otras escalas de riesgo tradicionales, esto incrementa el riesgo del síndrome metabólico no encontrado en el síndrome metabólico; señaló Després en entrevista con Medscape.com

Si bien los autores señalan en el artículo que la obesidad si bien es un peligro para la salud, per se no esta directamente asociada a alteraciones metabólicas, esto si ocurre principalmente en aquellos que tienen un aumento en tejido adiposo intra-abodominal o visceral, por lo que proponen la medición de la circunferencia abdominal como una forma sencilla de evaluar dicho fenómeno. Ello en conjunto con una elevación de los triglicéridos puede ayudarnos a identificar un tejido adiposo disfucinonal. Por lo tanto los autores sugieren que la combinación de hipertrigliceridemia con un aumento en la circunferencia abdominal pudiera ser un marcador relacionado a alteraciones del tejido adiposo para limpiar y almacenar el exceso de triglicéridos, secundario a una alimentación y actividad física inadecuadas.

Referencias:

  1. Arsenaul BJ, Lemieux I, Després JP, et al. The hypertriglyceridemic-waist phenotype and the risk of coronary artery disease: Results from the EPIC-Norfolk Prospective Population Study. CMAJ 2010; DOI:10.1503/cmaj.091276
  2. Medscape.com

La Obesidad: un problema que ya nos aplastó.

No resulta tan sorpresiva la noticia, si México ya ocupa un nada honroso primer lugar de obesidad a nivel mundial, el hecho de que la Secretaría de Salud del Distrito Federal revelara que en los hositales tres de cada cuatro camas están ocupadas por personas que tienen alguna enfermedad relacionada a la obesidad y el sobrepeso resulta algo hasta lógico, pero…

¿Realmente que estamos haciendo como país (que conste que no solo resposabilizo al gobierno) para solucionar este problema de salud pública? A nivel nacional, 72% de las mujeres mayores de 20 años tiene obesidad o sobrepeso; en el DF, la cifra alcanza 75.4%, es decir, 2.3 millones de personas.

En el sector masculino, a nivel nacional el porcentaje es de 66%; en el DF, 69.8%, lo que representa 1.8 millones de personas.

Armando Ahued, secretario de Salud capitalino señaló “Es necesario iniciar medidas. Quizás en 5 a 10 años el Sistema de Salud Público puede colapsar por la cantidad de enfermos que vamos a tener” Respetable me resulta la opinión de Ahued, pero sinceramente creo que el Sistema de Salud ya se encuentra colapsado en el momento en que padecimientos prevenibles, como lo son la Obesidad y el Sobrepeso tienen una prevalencia tan alta.

Campañas como Ley “Antiobesidad” no creo representen un cambio total, es cierto que aportará una solución parcial a la problemática, pero ¿realmente cuál será su impacto? Esta pregunta me surge, ya que en base a mi trabajo, dentro de un proyecto que surge en respuesta a esta problemática, me doy cuenta que va más allá de prohibir los alimentos “chatarra” en los centros de trabajo gubernamentales (incluyendo los hospitales) y en las escuelas, el problema surge a nivel de la educación, no solo de los alumnos sino también de los padres, cito un ejemplo típico de consulta diaria:

Acude un paciente (hombre o mujer) con Obesidad, dejemos de lado la clasificación de la misma, dentro de la atención que se le brinda, lo valora Nutrición y le elabora un plan alimenticio, el cual ya está tomando en cuenta ofertar únicamente alimentos que el grueso de nuestra población, la cual es de bajos recursos, pueda adquirir. La idiosincracia de la gente es tal, que cuando regresan a consulta, en primer lugar, como acción lógica, resultó “más fácil” lograr una adherencia a los fármacos que a los cambios en el estilo de vida (alimentación, ejercicio, suspender tabaquismo, etc.) Este fenóemeno está influenciado en gran medida por las creencias y en otra medida por que estamos acostumbrados a medidas “rápidas” y la vida saludable va despacio.

Los pretextos que nos dan para no comprar verduras es que resultan más caras que la carne, me he cansado de patear mercados y supermercados para ver donde es más barato un kilogramo de carne (no importa que no se arrachera, que sean retazos) que una lechuga, por citar un ejemplo. Aún así, la *&%$# Cola de 2 Lts que se beben diariamente, siempre será más cara que su porción diaria de verduras, pero la gente “no puede tomar agua sola”, lo más triste es oir esos argumentos de los mismos médicos. Los galenos, con el pretexto de la escasez de tiempo acudimos a comidas rápidas (que no son las corridas), como sopas ramen, papas fritas, pastelillos, pizzas, hamburguesas (con mucho queso amarillo, mayonesa y sin verduras por favor) y los refrescos porque tienen cafeína y harta azúcar por aquello de la hipoglucemia; fumamos para quitarnos el sueño y somos sedentarios. ¿Qué podemos transmitir a nuestros pacientes?

Esto se lo vamos heredando a nuestra familia, de padres a hijos, al grado tal que citando a Ahued uno de los sectores más afectados por la obesidad es el infantil, que reporta casos de diabetes en pequeños de entre 11 y 13 años. Por su parte en datos federales apreciamos que de 2000 a 2008 se elevó 60% la atención de enfermedades relacionadas con dichos padecimientos, al pasar de 26 mil millones de pesos a más de 40 mil millones, lo que equivale a lo invertido en el Seguro Popular durante 2009.

En resumen, no soy enemigo de que se busquen leyes que persigan una mejor salud para la población, que se controle la venta de comida de poco valor nutricional, que se promueva la actividad física en las instituciones públicas y privadas (que no sea el mover el mouse o caminar a la máquina de café), pero creo que primero tenemos que buscar medidas a nivel de educación, porque si el niño no encuentra las papitas en la escuela, saliendo le pedirá a su mamá que se las compre en la tiendita de la esquina y esta, en modo irresponsable, se la comprará y más grande, en premio que se aguantó toda la mañana sin sus frituras. También debemos buscar mejorar la imagen que como responsables de la salud damos a nuestros pacientes, por muy difícil que resulte podemos lograrlo, lo digo por experiencia propia, aún me falta mucho para alcanzar la meta, pero voy poco a poco.

Fuente · El Universal

Recapitulación de quejas y opiniones

Sé que podrían haber pensado que empezaba a caer nuevamente en el olvido este sitio, pero más bien resulta que nuevamente las ocupaciones empiezan a absorberme, ya tengo algún tiempo ocupado en menesteres personales y de pareja que dificultan que me dedique tiempo a mis hobbies y terapias, pero precisamente por ser en gran parte esto último para mí, no puedo echarlo en saco roto y mandarlo al ático de las cosas pendientes.

Al inicio de esta nueva etapa, pareciese que Medtropoli.net se convertiría en un sitio de queja constante, en realidad, al ser como decía un espacio de esparcimiento para mí, en donde puedo descargar mis ideas, corre tal peligro, por lo que que procurado ser más cuidadoso, pero cabe hacer mención de una advertencia que aparece en la espacio destinado a definir un poco del sitio y de mí, este lugar está destinado a ser un medio de transmitir mi opinión personal y por ende tampoco debería autocensurarme tanto ¿entonces para qué tanta explicación?

Pues bien, es cierto que las redes sociales están hechas con el fin de conocer nuevas personas y expresar opiniones, pero también es cierto que si las publicamos es porque buscamos queo otros las lean, así que en realidad Medtropoli.net está enfocada a ustedes, los lectores, que indistíntamente tienen que “aguantar” lo que ponga aquí; entrecomillo aguantar porque tienen a un clic de distancia el poder cambiar de sitio si no les apetece continuar leyéndome.

Mis opiniones y quejas pueden llegar a cansar a más de uno, así que he decidido, no precisamente moderarme, sino espaciar más el lugar que le dedico a las quejas, no así a los análisis y por ende, no podía escribir mucho la semana pasada, de hecho este artículo responde a un ejercicio de cambio de tema, si no habría acabado nuevamente con un análisis que tiene mucho que ver con algunos ya publicados sobre nuestros “nuevos líderes” o los intereses de las autoridades, premios injustificados y en contraparte reconocimientos no otorgados, promesas incumplidas y un largo etcétera que prefiero omitir.

Así que en resumen, guardaré un poco de mesura en cuanto a mis quejas, sobre todo aquellas que tengan que ver más con mi situación particular que con la generalidad, ya que aquellas que afectan aun sector mayor no pueden ser olvidades y merecen, a mi parecer, ser analizadas y que todos, incluyéndolos, expresemos nuestras opiniones en torno a ellas.

Medicina 2.0 Pros y contras

He tratado de escribir este artículo de distintas maneras, en general ninguna me ha “llenado el ojo”, tal vez porque he querido seguir reglas de redacción y no he dejado que las ideas fluyan, es por ello que retomaré ese estilo.

La Ciencia y la Tecnología han dado avances muy importantes, tal pareciese que pasa el tiempo y la cantidad de descubrimientos y novedades se exponencía, esto guarda una lógica, conforme la bases son más sólidas, es más fácil seguir creciendo, por ejemplo, los cálculos que antes se hacían manualmente y requerirían días de trabajo, hoy una computadora los realiza con tan solo apretar un botón y no, no podemos decir que lo está haciendo por sí misma, puesto que fue inventada, diseñada, modificada y programada por seres humanos, pero el tiempo en la “línea de producción” se ve afectada. Así pues, que estamos innertes en las nuevas tecnologías, incluisve aquellos más apáticos ante el tema, sin querer participan en este círculo.

Leía el artículo publicado por el Dr. Jair García-Guerrero en el Maletín Cultural de la AMIDA Oaxaca A.C. No. 34, en él toca un tema que a mí particularmente me apasiona, el internet, en particular la Web 2.0 y su uso en la Medicina, especialmente en la Medicina Integrada. Esto me remontó a la historia de la especialidad, donde los miembros de la primera generación nos enteramos de su existencia gracias a internet y también a través de este medio, ahora sí una Web 2.0, se lanzaba la convocatoria a reunirnos y conocernos, es decir la Medicina Integrada ha estado desde sus orígenes ligada a las nuevas tecnologías.

Como menciona el Dr. Jair García-Guerrero, esta especialidad, por nacier en esta era, está por orígen y necesidad, vinculada a las nuevas tecnologías, pero no solo ella, sino cualquier médico en formación e inclusive los actualmente activos. El uso de las redes sociales ya no puede ser una opción más, sino una herramienta cotidiana en la Medicina, los médicos tenemos la obligación de generar nuevos conocimientos, pero en particular en compartirlos, es por ello que la Web 2.0 ofrece una plataforma sólida, dónde el intercambio de opiniones, experiencias y evidencias entre colegas puede realizarse de una manera fluída, sencilla y rápida, acortando las distancias y disminuyendo los costes que esto implicaba, sin sustituir por supuesto la comunicación personal.

¿Deshumaniza el internet? Estoy convencido de que no, es más a través de Medtropoli.net y otras redes sociales, he tenido el honor de conocer a distintas personas, médicos y ajenos a la Medicina, preocupados por mejorar el trato entre los seres humanos. Inclusive me atrevería a decir que a facilitado el diálogo entre las personas, quienes antes por su postura no se hubiesen sentado a dialogar; aunque curiosamente estudios en la Universidad de Michigan muestran que no ha logrado romper con barreras políticas (y muy probablemente lo mismo suceda con situaciones similares).

Tal vez la mayor limitante en nuestro país para el desarrollo del internet sean las diferencias socioeconómicas, una realidad es que el uso del internet y en particular de las redes sociales está concentrado en las grandes urbes y en cambio en la población rural, particularmente las indígenas, esta realidad parecería muy lejana. Aún así, estoy convencido que en forma indirecta pueden beneficiarse de ellas, por citar un ejemplo, el médico estará más actualizado y obviamente ello se verá reflejado en la efectividad de sus acciones (no hablo de calidad, pues es un término más engloba desde el trato al paciente que con el conocimiento cientfíco).

En cuanto al intercambio de conocimiento a través de las redes sociales, un estudio reciente realizado por el Pew Research Center’s Project for Excellence in Jornalism revela que la publicación de conocimientos científicos en forma general, es mayor en la blogsfera que en los medios tradicionales, ahora bien, si se analiza la Medicina aún es mayor el porcentaje de artículos médicos publicados en prensa tradicional en relación a otras temas, cuando lo comparamos con la proporción que tiene esta en las redes sociales, tal vez por una parte guíados por las barreras autoimpuestas por los médicos, en ocasiones en forma justificada, a evitar publicar en Internet información que luego el público pudiera utilizar sin experiencia, provocando mayores daños. Aún así hay un incremento importante y sin duda conforme se pueda tener un mayor control  sobre lo publicado y su disponibilidad a un público seleccionado se incrementará aún más; esto me pone a pensar en que los gobiernos de los diferentes países deberán generar una especie de homolgación de claves profesionales, ya que el acceso a internet es universal y libre de fronteras.

De la importancia del conocimiento sobre Internet y cómputo, habla el Dr. José Narro Robles, rector de la U.N.A.M. al poner en marcha una red inalábrica de Internet en Ciudad Universitaria el día de hoy:

La nueva sociedad de la información que se ha gstado durante los últimos años, cada vez más interactuante, enfrenta la amenaza de nuevas formas de analfabetismo, como el informático.

Sin embargo,  junto a este peligro se tienen grandes posibilidades de aprovechar las nuevas tecnologías que deben ser incluyentes y contribuir al desarrollo de un mayor número de núcleos poblacionales.

Es así que los avances tecnológicos deberían ponerse al servicio del hombre, pero con el cuidado tal de que realmente funcionen en pro de la humanidad y no en un deterioro de las relaciones interpersonales. Ahora bien, tenemos contrapartes, como nos lo hace ver Rick Payne, donde considera que el uso de los expedientes electrónicos puede afectar la consulta médica y es que definitivamente la tecnología guarda riesgos y será responsabilidad de cada uno de nosotros la manera en que los usamos. Comentaba ya en algún artículo anterior en Medtropoli.net que la tecnología puede ser una limitante en la consulta médica, llegando a menoscabar la interacción que guarda el galeno con su consultante. Es por ello que no debemos dejar a un lado estos aspectos, ni querer basar tampoco toda nuestra actividad a una computadora.

Trataré de marcar una postura clara, la informática es de utilidad para la actualización, para establecer vínculos, pero jamás podrá suplir una consulta frente a frente, si bien no estoy en contra de que se pueda hacer una consulta rápida o por ejemplo vigilar el estado de algún paciente, si tuvo dudas sobre la administración de un medicamento o inclusive como herramienta en la adherencia terapeútica (ya utilizado en algunos países con pacientes ancianos), las nuevas tecnologías no puede sustituir a la consulta clínica, desde la recepción hasta la prescripción del tratamiento, pasando por la exploración.

Es bajo esta postura, que considero el médico puede fotalecer los vínculos con sus colegas, pacientes y la sociedad en general, incrementando sus conocimientos, ofreciendo nuevas formas de atención, pero sin que ello implique un distanciamiento como individuos, mas bien por el contrario, siendo un fortalecimiento, estrechando las barreras de la distancia, razas, credos e idiologías políticas. Es por ello que la formación de los nuevos médicos, de los especialistas y en particular la Medicina Integrada, deben estar preparados en el uso de estas nuevas herramientas.

Algunos países como España nos llevan la delantera, pero estoy convencido de que en México vamos por buen camino, a veces pensaría que con cierta apatía, pero artículos como el de Aitor Guitarte, me deja ver que allá sucede lo mismo, aún cuando ya tuvieron el I Congreso de la Blogosfera Sanitaria

Lecturas recomendadas: